Se nota que además de músico es comercial. Habla con seguridad. Es difícil dejar de prestarle atención. Me cuenta su vida y se acuerda de fechas y detalles imposibles. «Para algunas cosas es cierto, tengo buena memoria», reconoce Óscar Rosende, el Mark Knopfler gallego, el líder de la banda tributo a Dire Straits, Brothers in Band. Charlamos en el Mesón O Roncudo de Novo Mesoiro. «Vivo en este barrio desde el 2009 y me gusta. Soy medio del monte, y de hecho ensayo en una casa de Vizoño (Abegondo), que es de mi abuela, que tiene 99 años. Es el pueblo de mi familia, donde pasé las vacaciones cuando era niño. Es un lugar para desconectar», comenta. Tiene 34 años, pareja y un hijo de 2 años, Mateo. «Me pide Dire Straits. Le pongo en el móvil el Tunnel of love y le encanta. Creo que tengo a alguien a quien dejarle el patrimonio guitarrístico», asegura sonriente este coruñés que nació en el cruce de la ronda de Outeiro con la avenida de Finisterre. «Recuerdo cuando abrieron la glorieta». Estudió en el Hogar de Santa Margarita y tras la selectividad se matriculó en Derecho. Dos años después empezó a trabajar como comercial en Fenosa y en R. Más tarde en el concesionario Mazda y ahora es visitador hospitalario. Una guitarra clásica que empezó a aporrear a los 15 años y el gusto musical de su padre enfocaron su vida hacia los acordes. «En mi casa siempre se escuchó buena música. Recuerdo ir en el Seat 131 escuchando en el casete el So far away. Me llamaba mucho la atención. Empecé a sacar las canciones dándole para adelante y para atrás a la cinta. Soy de la última generación del boli Bic para rebobinar. Después llegó el VHS y para mí fue como descubrir América. Le daba al pause y me fijaba donde colocaba las manos Knopfler», recuerda Óscar, que no duda en reconocer que es «un friki de Dire Straits. De joven soñaba con hacer lo que hago». Recuerda cuando en el concesionario en el que trabajaba le pidieron si podía actuar en la presentación del Mazda 2. «Hablé con un amigo y montamos ocho temas. Sonó bien». Tras diversas vicisitudes, en febrero del 2008 ofrecieron en Portonovo su primer concierto. «Como toda la vida trabajé de comercial empecé a buscar conciertos. Una banda también se vende», asegura sonriente.
Pasión por la gastronomía
Asegura que su principal virtud es la persistencia y su defecto más destacado, el desorden. Aparte de la música siente pasión por «la astronomía. Me empapó de este tema». A Óscar Rosende le gusta el marisco, pero no cambia percebes o cigalas por «una buena tortilla de la abuela con huevos de casa». Se queda con el monte de San Pedro como su lugar favorito. Practicó kárate, fue portero de fútbol, pero ahora no hace nada de deporte. «Debería retomar alguna actividad porque me lo pide el cuerpo y la mente. Si me pongo a correr no lo voy a publicar en Facebook, de hecho nunca pongo nada de mi vida privada en las redes sociales», comenta. Es difícil desviarlo del tema de la música y de los Dire Straits. «Menos dance, tecno, rap y la música electrónica, me gusta todo», sentencia Óscar, que pronostica que el año que viene va a ser muy bueno para el grupo. «Somos quince tíos. Nueve músicos y seis técnicos. Hemos llevado el concepto de banda tributo a un nivel de profesionalidad», me cuenta. Como sé que seguiría hablando no me queda más remedio que decirle que se me hace tarde. «A finales del 96 mi abuelo me compró mi primera guitarra eléctrica y un amplificador en Musical Clave, que estaba en la avenida de Gran Canaria. Creo que le había costado 15.000 pesetas». El Knopfler gallego se acuerda de todo.
«No cambio por nada una buena tortilla de la abuela con huevos de casa»