Lo que se olvida la gente en los taxis de A Coruña: desde piernas ortopédicas hasta dentaduras postizas

Elena Silveira
Elena Silveira A CORUÑA / LA VOZ

A CORUÑA CIUDAD

CESAR QUIAN

Los objetos que aparecen en los asientos traseros, por inverosímiles que sean, acaban en objetos perdidos de la Policía Local

07 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

En los asientos traseros de un taxi cabe media vida. Y si no, que se lo digan a los conductoresde A Coruña, acostumbrados a encontrar desde los clásicos paraguas hasta objetos tan insólitos que parecen sacados de una película. Óscar, uno de los veteranos del colectivo, todavía recuerda el día en que la emisora lanzó un aviso que lo dejó atónito: un pasajero había olvidado una pierna ortopédica. «Supongo que vendría de una clínica o un centro de salud, porque no es algo que habitualmente puedas dejar olvidado», comenta aún sorprendido.

La lista de objetos singulares continúa con una dentadura postiza extraviada en plena madrugada de un domingo. «Quizás se habría quedado dormido y se le cayó de la boca, o se la retiró en un momento dado y no encontró el bolsillo para guardarla», relata Óscar. Pero, aunque estas anécdotas llamen la atención, hay un objeto que se lleva la palma todos los días del año: el teléfono móvil. «Sí, es lo que más encontramos en los coches», confirma Ricardo Villamisar, presidente de Teletaxi. Junto a ellos, otros clásicos que nunca fallan: paraguas, llaves, compras del súper, medicamentos o pequeñas bolsas que los pasajeros olvidan en el apuro de pagar y bajar deprisa.

Por la experiencia y los años que lleva al volante, Conchi Prieto tiene ya por costumbre revisar siempre la parte trasera antes de arrancar de nuevo. «Lo hago ya por rutina, para asegurarme de que el cliente no se deja nada». Aun así, admite que siempre aparece alguna sorpresa. Entre ellas recuerda la que se llevó después de trasladar a varios jóvenes tras un concierto en el parque de Bens. Al día siguiente, mientras limpiaba el coche, encontró una cartera pequeña «con unos billetes muy bien dobladitos y con toda la documentación del chaval». Pensando en el disgusto del chico, buscó su dirección y se presentó en su casa. «Se lo entregué al padre y quedó tan agradecido que me pagó la carrera hasta allí», cuenta.

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La limpieza del vehículo, añade, es otra fuente inagotable de hallazgos. «En una ocasión, al levantar los asientos traseros, encontré dos juegos de llaves de coches, bolígrafos, mecheros, monedas... Lo sorprendente es que nadie hubiera reclamado las llaves». Y en tiempos de tecnología, tampoco faltan los dispositivos electrónicos. Una pasajera, por ejemplo, olvidó su tableta. Llamó a la central enseguida y pudo recuperarla sin dificultad. «Como estos dispositivos tienen localizador, ella me fue viendo desde su móvil cómo me acercaba para devolvérsela», narra.

Zapatos de tacón, en fin de año

Conchi recuerda que su padre trabajó durante décadas en la Compañía de Tranvías y que, en invierno, la recogida de paraguas olvidados era una tradición. «Pero ahora, en los taxis, son los móviles», reconoce. Y Óscar lo confirma: muchos pasajeros pagan la carrera con el teléfono y lo dejan en el asiento justo después de usarlo. «Es sorprendente», insiste. Y en épocas navideñas, especialmente en la madrugada de fin de año, en la parte trasera de los taxis aparecen muchos zapatos de tacón.

A objetos perdidos

El trabajo para localizar un objeto perdido no siempre es sencillo. Así, si el taxi se pidió por teléfono, todo es más fácil, ya que se puede identificar el vehículo. Pero si el cliente lo cogió en una parada, se complica ya que hay que averiguar dónde lo tomó, dónde se bajó, el recorrido y la compañía que prestó el servicio. Cuando aparece el objeto, hay dos opciones: que el taxista lo devuelva, cobrando el servicio, o que lo entregue en objetos perdidos de la Policía Local.

«La cantante Marta Sánchez se dejó el teléfono»

Sonia lleva 20 años recogiendo llamadas en Teletaxi. Es del turno 8, unas palabras y un número que tiene tatuados en su piel. De forma literal. En todo este tiempo, al igual que sus compañeras, ha escuchado de todo. Pero cuando dice de todo, es exactamente eso: «De todo lo imaginable… y de lo que no».

Desde su puesto de teleoperadora ha sido testigo indirecto de olvidos tan surrealistas como el de una persona que acudió al hospital con una máquina de oxígeno y se la dejó en el asiento trasero. La lista sigue: medicamentos recién recetados, colirios tras una operación de oftalmología, tarjetas bancarias usadas para pagar el trayecto y abandonadas después, tabletas, ordenadores, carteras con toda la documentación, y móviles, muchísimos móviles. Y ni la fama inmuniza contra los despistes. En un trayecto del aeropuerto a casa de su madre en A Coruña, «la cantante Marta Sánchez se bajó del taxi y dejó dentro su teléfono».

Pero hay olvidos que son más dramáticos, como los de la gente que va directa al aeropuerto y se deja en el taxi su DNI, el billete de avión o el pasaporte. En estos casos los clientes suelen darse cuenta pronto y comienzan una carrera contrarreloj para intentar recuperar sus pertenencias: «A lo mejor el taxi ya va camino hacia A Coruña y tiene que dar la vuelta a toda prisa para que esa persona no pierda el vuelo», cuenta Sonia. Hay otros olvidos que a esta trabajadora le siguen pareciendo «totalmente inverosímiles», como llegar al aeropuerto y dejarse la maleta.

Después de dos decenios en la centralita, Sonia confirma que los fines de semana se elevan los niveles de dificultad: «Recuerdo el caso de una mujer cuyo marido había perdido el móvil. Él llegó a casa de madrugada, sin recordar absolutamente nada y quería que localizáramos el teléfono». Otros son más sinceros: «Perdona, es que ayer cogí una buena y solo sé que llegué a casa a las dos», explica.

Otro caso llamativo es el de una comida de fin de año que nadie fue a recoger. Ocurrió en la zona de Ferrol, cuando una señora encargó a un taxi que retirara un pedido y lo llevara a su domicilio. «El taxista llegó a la dirección indicada, pero allí no apareció nadie». La llamaron varias veces sin respuesta.

Con la comida ya pagada, imposible de llevar a objetos perdidos y a punto de estropearse si no se metía en una nevera, la situación quedó en un limbo surrealista. «La señora nunca contestó ni volvió a llamar», explica Sonia.