Reclama un esfuerzo de los poderes públicos en tiempos de crisis
24 oct 2011 . Actualizado a las 20:54 h.Pionero de la Obra Social de la ya desaparecida caja de ahorros, Vicente Iglesias Martelo estuvo 30 años dedicado a labores solidarias y socioculturales. Algo se le pegó, ya que una vez prejubilado recibe la oferta de dirigir Cáritas y acepta. Ejerce de buena gente, su gesto amable delata un corazón que tiene cabida y aguante para mucho y muchos. Lo ha demostrado en estos tres años que lleva ocupándose de los más necesitados, sin duda los más duros y complicados de las últimas décadas. «Ser solidario es muy gratificante», asegura justificándose.
-¿Por qué se mete un jubilado en un follón como dirigir Cáritas?
-Muchos compañeros míos se aficionaron al golf o a dar vueltas por el paseo marítimo. A mi me pareció más útil ocupar el tiempo así. Me lo ofrecieron y acepté sin dudarlo demasiado, soy fácil de convencer. Mi mujer dice que me apunto a todo lo que no da dinero (ríe).
-¿Sabía dónde se metía?
-Sí, claro. Aunque lo que no tenía yo evaluado hace tres años es el mal momento que comenzábamos a atravesar. Pensé que cuatro años no era mucho para un prejubilado, que me mantendría activo y haría algo bueno. Pero no, no sospechaba el chaparrón que se nos venía encima.
-Notarán la crisis más que nadie.
-Gracias a Dios, no la notamos en cuanto a donaciones. Pero eso sí, la demanda de ayuda se ha duplicado en los últimos cuatro años. Y, claro, no se puede mantener. Tenemos que seleccionar, filtrar las peticiones y repartir lo que tenemos como podamos, aunque sea endeudándonos. Por ponerte un ejemplo, la atención primaria que prestamos, cuando vienen los usuarios a contarnos su caso en concreto, ha acumulado en lo que va de año un déficit de 60.000 euros, con una media de 20 casos semanales que atendemos con 6.000 euros.
-¿Y cómo piensan salir de esta?
-Dios proveerá (ríe). Hasta ahora hemos tenido suerte. Pero es que nosotros no podemos decir que no hay fondos, escudarnos en que no tenemos medios y cerrar. Somos el último recurso, así que recortamos lo máximo posible, pero ayuda hay que dar, intentar resolver esta ola de pobreza y desigualdad hasta donde podamos. Y para eso dependemos básicamente de la gente buena que hay por el mundo. Contamos con las ayudas de las administraciones, pero los socios y las donaciones puntuales son fundamentales.
-Bueno, al menos se acerca diciembre, que suele ser un buen mes porque a la gente se le ablanda el corazón por navidad.
-Sí, pero no hay por qué esperar tanto. La gente come todo el año, no solo por navidad. Y nadie se alimenta exclusivamente de polvorones. Aunque bienvenida sea cualquier ayuda, ya sea económica como en especie, que nuestro almacén de alimentos está deseando repartir todo lo que pueda.
-¿Y responde la gente?
-Afortunadamente, suele hacerlo. Aunque aprovecho para insistir, porque cada vez hay más pobres, pero también los ricos son más ricos. Y, por supuesto, pido a los poderes públicos que si tienen que recortar, lo hagan de donde sea, menos de Servicios Sociales.