El último siniestro de la refinería, contado por la viuda y un herido
21 abr 2011 . Actualizado a las 06:00 h.«Por un lado pensas que todavía estás no hospital, pero por outro sabes que pasaron 365 días acordándote, sufrindo...». Con estas palabras describe el momento que está viviendo Isabel Gerpe Andrade, la viuda de Juan Carlos Sousa, el operario de Tamesur que falleció en el accidente ocurrido en Repsol hace un año. Y es que Isabel piensa en días, porque para ella fueron 365 los que vive con su ausencia, y 18 los que estuvo agarrándose a una esperanza: «Había momentos que cría que podía saír con vida pero tamén había algo que me dicía que non», confiesa mientras sus enormes ojos marrones se llenan de lágrimas.
Una deflagración en la unidad de coque de la refinería acabó con la vida de Juan Carlos Sousa, de 36 años, después de pasar tres semanas ingresado en la unidad de quemados del Chuac. Él no sobrevivió pero sí lo hizo su compañero, José Luis Suárez, que se encontraba con Sousa realizando labores de mantenimiento y que sufrió también sufrió quemaduras en el 70% de su cuerpo y cuya recuperación fue casi milagrosa.
Ahora, después de que la semana pasada se cumpliese un año, a Isabel ya no le preocupa llorar. Cree que también es una manera de liberar el dolor que todavía persiste un año después del trágico suceso. Tanto ella como José Luis quieren hacer su particular homenaje a Carlos, después de que el pasado 15 de abril se cumpliese un año: «A dor está aí porque non se supera nun ano, nin en dous. Revives o 15 de abril, o accidente, cada día, todo o ano», explica Suárez, que reconoce que perdió a uno de sus mejores amigos.
Nada hacía prever lo que les esperaba el día del accidente. Isabel sí escuchó la explosión, estaba tomando un café en Arteixo con una prima, pero creyó que era un barreno de las obras del polígono de Morás. Nunca pensó que hubiese sido en la refinería y mucho menos que pudiese ocurrir lo que finalmente sucedió.
Iván es sinónimo de esperanza
La esperanza lleva el nombre de Iván en el caso de Isabel. Es su hijo, tiene seis años y se ha convertido en el protagonista de su vida. Al principio, después de que su compañero falleciese, tuvo un sentimiento muy profundo de ira «pero non hacia ninguén en concreto, senón hacia á vida», porque el destino le había dado el mayor revés que podía esperar. Ahora en cambio, Iván la empuja a vivir «e faime tirar para adiante», asegura.
José Luis también es un buen apoyo. Nadie mejor que él sabe cómo se siente Isabel. Por eso el pasado 15 de abril tuvo el teléfono apagado todo el día. Solo lo encendió para saber cómo estaba Isabel: «É moi duro», confiesa, conocedor de que hay un antes y un después de aquel fatídico día.
Suárez todavía tiene secuelas físicas y psíquicas desde el accidente: «Aínda estou con medicación. Agora póñome nervioso e non lle atopo solución ás cousas, antes pasaba máis de todo», explica con cierto aire de resignación.
Sabe que para él las cosas fueron mucho más fáciles que para Isabel, pero su hija dos años pagó un alto precio: «Estaba habituada a que xogara todos os días con ela, pero cando cheguei do hospital non tiña ganas de nada. E iso notouno», reconoce.
Explica también que «non lle podes transmitir a túa pena a todo mundo porque se non a xente se aparta de ti». Para Isabel, la vida cambió de forma radical: «Cáenche vinte anos enriba, a vida que tiñas pensado cunha persoa cortáseche e parece que o teu camiño se acaba».
Pero si hay algo que los dos desean es que los que lo conocieron a Carlos Sousa lo recuerden tal y como era: «Cheo de vida porque non pasaba desapercibido. Sempre falando con todo o mundo». Así es como les gustaría que fuese recordado.
«Cáenche 20 anos enriba. A vida cortáseche e parece que o teu camiño se acaba»
Isabel Gerpe Andrade
«Agora póñome nervioso e non lle atopo solución ás cousas, antes pasaba máis»
José Luis Suárez