Este paraje de la ría de Pontevedra está a la espera de un uso definitivo desde el 2002
24 sep 2010 . Actualizado a las 02:00 h.La isla de Tambo es la gran desconocida para la mayor parte de los vecinos de la provincia de Pontevedra y del resto de Galicia. Su acceso está restringido desde su adquisición por parte del Estado a mediados del siglo pasado, al incorporarse en el sistema de defensa de la Armada. La isla albergó polvorines, instalaciones militares y un destacamento permanente, que servía de apoyo a las necesidades de la formación militar de la Escuela Naval de Marín del siglo XX. Pero la entrada en el nuevo milenio, con la modernización de los planes de estudios y la reforma del sistema defensivo de las costas españolas, convirtió a la isla de Tambo en un espacio sin interés militar.
Hace ya ocho años que se declaró la no necesidad para la Armada de la isla pontevedresa, iniciándose un proceso administrativo para su traspaso -que en la recta final del 2010 todavía no ha acabado- al Ministerio de Medio Ambiente o a la Xunta. En principio, no está previsto que se pueda incluir en el Parque Nacional Illas Atlánticas al carecer de interés desde el punto de vista de la vegetación o de la fauna.
Herederos de Montero Ríos
Además de la decisión definitiva del Gobierno central sobre la futura Administración que se encargue de gestionar Tambo, está pendiente también de finalizar un proceso judicial por parte de los herederos de Montero Ríos, el antiguo propietario del enclave.
En este compás de espera, la isla, sobre la que también tienen aspiraciones los comuneros de Combarro, se encuentra bajo la custodia de la Escuela Naval, pese a que ya no tiene ningún uso militar.
La institución marinense únicamente se ocupa de la vigilancia de Tambo, ya que no realiza prácticas ni ejercicios en el paraje insular, al desplazarse este tipo de actuaciones hacia otros lugares más adecuados en terrenos que son propiedad del Ministerio de Defensa y que están situados en otras partes de la Península.
No obstante, el pasado militar de Tambo asoma en cada recoveco. Además de los carteles -hoy derribados- que advertían de la prohibición de entrada a personas ajenas al estamento militar, se encuentran todavía en pie los restos de un cuartelillo, las ruinas del depósito de agua, tres polvorines y varias pequeñas estructuras. Este mismo mes, la Unidad Militar de Emergencias (UME) está realizando el desbroce de los caminos dentro de la isla, ya que en unos días los vecinos del concello de Poio recuperarán la romería de San Miguel, que se dejó de celebrar desde hace años.
El pasado más remoto de esta isla pontevedresa también emerge en cada esquina. Aún perviven erguidas las paredes de piedra del antiguo lazareto, un edificio que impresiona por su porte, así como los restos de la ermita de San Miguel, arrasada por el pirata Drake en el siglo XVI.