Colas ante el despacho de la ONCE que repartió un boleto premiado con 6.000 euros al mes durante 25 años
27 ene 2010 . Actualizado a las 12:11 h.Cuando los vecinos del barrio del Ventorrillo se levantaron ayer lo hicieron como cualquier día. Todos menos uno. Uno de ellos sabe que ya no volverá a tener problemas económicos, al menos, durante algún tiempo. «Eso es un seguro de vida; Fíjate tú, 6.000 euros mensuales durante 25 años», comentaba unos de los residentes que paseaba alegremente por la calle. «6.000 euros durante 25 años» repetía otro tratando de hacerse a la idea de cuánto dinero supondría esa cantidad en su bolsillo. «Si fuera yo, dejaría que me hicieses las entrevistas que quisieras. Eso sí, no se me borraría la sonrisa de la cara durante mucho tiempo», bromeaba un simpático camarero. En el barrio no se hablaba ayer de otra cosa, aunque también se podía encontrar a alguna despistada que no se había enterado de nada. Y es que ni más, ni menos, en este humilde barrio se concedió el pasado domingo el premio de la ONCE más importante de la ciudad. No en vano, la vendedora, Beatriz Vilela, lucía ayer su mejor sonrisa con la esperanza de que el afortunado se presentase ante ella y poder salir de dudas. Pero no, se está haciendo de rogar o igual ni siquiera es consciente de que la suerte ha llamado a su puerta. Sin saber quién es Esa es la tesis que defiende Vilela: «Estoy convencida de que la persona tiene el cupón en su cartera y todavía no sabe que le ha tocado». Esta vendedora, natural de Ponteceso y vecina de Arteixo, desconfía de un cliente, pero hasta ahí puede leer. Cree que se enterará cuando regrese pero no suelta prenda de si es hombre, mujer o natural del barrio: «Por aquí no ha venido nadie. Ni el del sueldazo ni los de los pequeños», en referencia a los otros seis premios de 25.000 euros, ya que vendió siete cupones del 05014, entre los que está el gordo del Ventorrillo. El día se le dio bien a Beatriz, tanto que la gente hacía cola en la taquilla. Ya se sabe, por eso de «y si vuelve a tocar». Tantos clientes se acercaron que se le agotaron los cupones y tuvo que vender «por la TPV». Atentos al detalle Ojo avizor, a los vecinos del Ventorrillo no se les va a escapar el mínimo detalle sobre el misterioso afortunado: «Estaré atento a ver si veo pasar algún abrigo de pieles nuevo», bromeaba el guardia de seguridad del centro de especialidades. Otros, en cambio, consideran que estar pendiente del que está tomando café al lado es demasiada molestia. «Aquí viene gente de Betanzos, Carballo, Cambre... Es muy difícil saber quién puede ser. Por el centro pasan al día cerca de 5.000 personas», reconoce el camarero del restaurante Milenium, en la avenida de Finisterre. Algunos vecinos mostraron su descontento por no ser merecedores del premio a pesar de que acuden casi a diario al despacho de Beatriz: «Sí, sí, más de uno se queja de que compra todos los días un cupón y que no les haya tocado nada», asegura el ya conocido guardia de seguridad. Sea cual sea la identidad del afortunado, no le faltarán proposiciones en el supuesto caso de que esté soltero: «Si te enteras, avísame, que igual me puede valer», enfatiza una joven dispuesta a darle caza.