Los ex trabajadores de La Toja afrontan su primer mes de desempleo tras toda una vida laboral en la fábrica de Culleredo
23 oct 2007 . Actualizado a las 02:00 h.Entre los cuatro acumulan 138 años de trabajo en la fábrica de La Toja de Culleredo. Purificación Fuentes, María del Carmen Gómez, Raquel Vitos y Antonio Castro afrontan su primer mes en el paro. Quedan para tomar café en un céntrico establecimiento de Cuatro Caminos a media mañana, una hora impensable hace apenas unas semanas, cuando todavía cumplían con sus jornadas laborales en un centro con cierre anunciado.
«Abro la ventana y veo la fábrica. No me puedo olvidar de ella». Antonio Castro reside en una vivienda unifamiliar a menos de diez minutos de lo que fue durante 24 años su lugar de trabajo. Ahora tiene 46. Ha cobrado el finiquito y cuenta con dos años de desempleo. Hace dos días entró por primera vez en una oficina del INEM. Antonio representa el lado más amargo de este cierre. Como él ochenta trabajadores de entre cuarenta y cincuenta años se encuentran a medio camino entre la prejubilación y la necesidad de incorporarse a un mercado de trabajo muy competitivo en una edad difícil. «Yo ahora camino mucho, doy largos paseos y me reúno con mis ex compañeros», explica Antonio Castro. Reconoce que le sobra el tiempo. Todavía no ha pensado en qué emplearlo. Su esperanza laboral está en la nueva empresa que compre los terrenos de La Toja o en una posible recolocación en otra de la zona.
Las prejubiladas
Para ellas, el cierre de esta fábrica ha sido también un trauma, pero su situación es diferente a la de Antonio. Purificación, María del Carmen y Raquel son prejubiladas, y ya no tienen que pensar en su futuro y en una nómina a final de mes.
«Sigo levantándome a las cinco de la mañana, sin que suene el despertador», explica Raquel. Casi cuarenta años de rutina no se cambian en sólo treinta días. «Las mañanas las llevo bien. Cuido mi casa, doy de comer a mi hijo y camino. Lo peor llega por la tarde. A partir de las cinco, después de ver el Tomate -dice en voz baja- ya no sé muy bien qué hacer».
Quien lo tiene bastante claro es Purificación. Ha descubierto los bailes de salón y una oculta pasión por la salsa. «Voy un día a la semana y sólo me falta buscar pareja», explica. Como sus compañeras, caminar es otra alternativa. «Primero fui a Barrañán y luego a Bastiagueiro. Lo hago todos los días que puedo para andar por la arena, por lo menos una hora». María del Carmen es la más risueña y la más dormilona: «Lo mejor de esta situación es que ya no madrugamos como lo hacíamos antes. Yo ahora no me levanto si no son las nueve de la mañana». Es una pequeña recompensa tras 39 años de actividad sin descanso. María del Carmen y Raquel confiesan que quieren apuntarse al gimnasio de San Diego «para mejorar el tipo».
Los cuatro ex trabajadores de la fábrica de La Toja decidieron ayer tentar a la suerte. Cambiaron la cola del paro por la de La Favorita y compraron dos números, los dos acabados en siete. «El año en el que se nos acabó el trabajo», explica Raquel.