La última tienda de siempre del Cantón Grande

Pablo Portabales*+ pablo.portabales@radiovoz.com

A CORUÑA

01 ago 2007 . Actualizado a las 02:47 h.

Un local con vista. La óptica Americana, ahora unida a la cadena Multiópticas, fundada en 1930 por Constante Piñeiro, es el único negocio de siempre que queda en los bajos de los edificios del Cantón Grande. Por supuesto, al margen de bancos, cajas, fundaciones, u organizaciones oficiales que en la actualidad copan lo que Francisco Vázquez describió a la perfección como la sala de estar de los coruñeses. Pues en esta coqueta sala sólo se pueden comprar gafas o graduar la vista, como sucede desde hace más de 75 años. «El fundador había tenido ópticas en La Habana y en Miami y cuando se vino a instalar aquí le puso este nombre porque en aquella época todo lo americano vendía, era sinónimo de vanguardia y tecnología», recuerda Carlos Piñeiro en su despacho, en el que el Obelisco hace las veces de reloj de pared.

Nombres con historia. El cine Avenida, que en uno de sus bajos mantiene abierto un local de venta de joyas, está en manos de Caixa Galicia desde el pasado viernes y ya hace tiempo que dejó de proyectar películas. Atrás quedan un sinfín de negocios que me ayudan a recuperar del olvido los maestros Alberto Martí y Vituco Leirachá. «Toma nota», me dice Martí, y empieza a lanzar nombres y más nombres de desaparecidos negocios del Cantón Grande. Café Galicia, La Electra, Casa de la Novia, Farmacia Vigil, Foto Blanco, Radio City, Lago y Lago, Librería Arenas -ahora en el otro Cantón-, Hijos de Amoral, Calzados Faustino, El Bon, Muebles Cantón Grande, Ferretería Hervada, Máquinas Singer, el estanco de la familia Comas, Café Alcázar, Perfumería Sande y Farmacia Sanitari. «En los primeros pisos también había», apunta Martí. «No te puedes olvidar de la Churrería Gil y de la peluquería Victoriano, que era a la que acudían las personas de más alto nivel de la ciudad», destaca Leirachá. Todos son nombres con historia de los que sólo queda uno. Ahí tienen a Carlos, la tercera generación de La Americana, con su padre, José Piñeiro, ya jubilado, delante del estrecho edificio de su propiedad en el que cada planta, la mayoría dedicadas al sector de la visión, mide tan sólo 72 metros cuadrados. Es la última tienda de siempre del Cantón Grande.

Una tapa clásica. En una cazuela de barro gratinan queso del país con pimientos de piquillo y de Padrón, y patatas. La tapita que presentaron al concurso Isabel Fraga y José Luis Martínez no tiene más secretos, pero esa sencillez les valió el primer premio en el apartado de tapas del concurso Picadillo, que convoca Turismo de A Coruña. El café Momos, situado en la calle Santo Domingo, en pleno corazón de la Ciudad Vieja, se llevó por tanto el galardón, al igual que hizo ayer el establecimiento Cienfuegos en la categoría de pinchos. Fue uno de los nueve locales que optaron al premio y que el jurado recorrió desde las doce de la mañana hasta las tres de la tarde desplazándose de uno a otro en un microbús. Tan interesante y divertido como agotador. Lo digo con conocimiento de causa gastronómica porque fui uno de los elegidos para catar. Me gustaron todos los platos, unos más que otros, y creo que para el próximo año los organizadores, deberían unificar criterios. Se me ocurre que podrían crear un recipiente exclusivo del certamen en el que los cocineros tendrían que presentar sus creaciones, para que no haya las diferencias actuales. Probé desde una cazuela de salmorejo con rape a un zanco de pollo rebozado con harina de maíz pasando por un muy original cocido concentrado entre dos tostas. Todo muy interesante y sabroso, pero resulta complicado valorar tapas, unas modernas y otras sencillas, unas grandes, como si fuesen raciones, y otras pequeñas en plan minimalista, en el mismo saco estomacal y con idénticos criterios. Es sólo una idea, porque la organización, por lo demás, es perfecta. «Regentamos este local desde más de diez años, pero la tapa ganadora sólo la hacemos desde hace dos», apuntan los orgullosos hosteleros que se verán incluidos en la nueva guía Pola Coruña de tapeo e larpeiradas, que será presentada en el transcurso de la feria madrileña de turismo, Fitur.

Trabajo y descanso. Ayer se inauguraron de manera oficial -ya saben que en este país se inaugura de todo- las duchas de agua caliente de la playa de Riazor. Por la foto se reconoce perfectamente a los que ayer fueron a la zona por motivos de trabajo y los que estaban allí disfrutando del sol. Una pena que la concejala Nieves Vázquez no se hubiese animado a asistir en bikini, que parece lo propio para un acto tan veraniego. Ahí tienen a Silvino Fernández, gerente de Solar PST, la empresa coruñesa que instaló las placas solares termodinámicas que calientan la bendita agua; a Fernando Roade, director de área de Medio Ambiente, y a la susodicha concejala, que contrastan por su vestimenta con los bañistas. «Esta iniciativa se enmarca dentro de la política de energías renovables del Ayuntamiento», destacó la edil responsable de Medio Ambiente durante la puesta de largo, o de corto, de este proyecto piloto que esperan que pronto sea realidad en otros arenales. El agua salía ayer a 35 grados. Dan tantas ganas de probarla como las tapas.