La UDC le declara la guerra al vapeo: prohibido fumar en todos sus campus

A CORUÑA

Alumnos de la UDC pasaban este vierne por delante del cartel que recuerda que no se puede fumar
Alumnos de la UDC pasaban este vierne por delante del cartel que recuerda que no se puede fumar CESAR QUIAN

Es la primera en Galicia que ha cortado por lo sano. La UDC pone el foco en los cigarrillos electrónicos, que según explican en los estancos, son los más demandados entre los jóvenes | Encuesta: ¿Te parece bien que los campus sean zonas libres de humos? Vota y opina

14 feb 2026 . Actualizado a las 11:27 h.

Dos estudiantes de Logopedia apuran sus pitillos delante de la puerta de su facultad, en la zona de A Zapateira. A unos metros, un gran cartel advierte: «Campus libre de fume. Non fumar. Non vapear». La Universidade da Coruña (UDC) culminó esta semana su plan de espacios libres de tabaco, convirtiéndose en la primera de Galicia que impide fumar en todos sus campus. «Me es indiferente», dice una de estas alumnas al enterarse de la noticia, para añadir su compañera: «No fumamos mucho, dejaremos de hacerlo aquí y ya está».

Aunque estas jóvenes le resten importancia, lo cierto es que según estimaciones del Observatorio de la Asociación Española contra el Cáncer (AECC), en esta provincia fuman a diario 171.515 personas, de las que el 6 % son chicos y chicas de entre 14 y 24 años. Además, la entrada —acompañada de potentes estrategias de márketing— de dispositivos electrónicos como el váper, ha hecho que salten las alarmas entre los expertos, pese a que desde hace años cada vez se inician en este hábito menos menores.

Ni Thais, ni Carol, estudiantes no fumadoras; ni tampoco Natalia, que es estanquera, observan eso que sí indican las estadísticas. «Creo que se fuma igual que antes, pero a lo mejor más tabaco de liar porque es económico. En cualquier caso, vamos, es raro que aquí ahora no haya nadie con un cigarro [están esperando el bus en una de las paradas más frecuentadas del campus de Elviña]», indica una de ellas.

En esta línea se manifiesta la trabajadora de un estanco de la zona de Cuatro Caminos. «Aunque están intentando poner freno al tabaco, yo no noto ningún cambio de hábitos. Lo único que ahora los jóvenes solo nos piden vápers. Hay una diferencia generacional abismal: por la mañana los clientes son casi todos gente mayor trabajadora o jubilada, que vienen a por tabaco industrial. Y de repente por la tarde vienen los estudiantes a por vápers, pero los de sabores, porque se enganchan por ahí, apenas vendemos dispositivos electrónicos de tabaco», cuenta Natalia, que sí percibe que el rechazo a los fumadores ha ido en aumento en los últimos años: «Nos hemos vuelto muy quisquillosos; buena parte de las terrazas se hicieron para los fumadores, sobre todo a raíz del covid, si no no estarían llenas en invierno. Pero ahora de repente está mal que se fume ahí...», reflexiona. 

Esta trabajadora observa que la mayoría de jóvenes carecen de consciencia a la hora de decantarse por estos dispositivos electrónicos: «Muchos no saben que una cápsula del váper es como fumar una cajetilla de tabaco», indica. Para añadir que, además, Internet es una puerta muy dañina en este caso: «Los engatusan con precios baratísimos. Los hay de 120.000 caladas por 20 euros».

Rosalía Fernández, técnica de prevención de la AECC: «Pierden la noción de la cantidad que consumen»

Rosalía Fernández
Rosalía Fernández

Rosalía Fernández es psicóloga de la Junta Provincial de la AECC en A Coruña. Y tiene claro cuál es la raíz del problema y los retos a los que se enfrentan las autoridades. «A lo largo de estos años se ha conseguido que el tabaco esté mal visto entre los jóvenes, pero hay una brecha con los vapeadores. Tienen una presentación muy atractiva, llevan saborizantes, los influencers hablan bien de ellos y su nombre invita a pensar que emiten vapor de agua, cuando en realidad son aerosoles».

La idea generalizada de que estos cigarrillos electrónicos son inocuos termina cuando se conocen las sustancias que lleva cada cápsula. Y, sobre todo, al descubrir que cada vez hay más casos de Evali entre sus consumidores, una enfermedad pulmonar grave asociada a estos dispositivos.

«El Gobierno está legislando para equiparar sus restricciones a las del tabaco convencional, pero es una industria que va muy rápido. Además, a través de internet se pueden conseguir fácilmente, con el riesgo que esto supone para los menores».

Fernández alerta también de que al tratarse de un único dispositivo, «los jóvenes pierden la noción de cuánto están consumiendo, sobre todo, porque son dispositivos que van usándose a lo largo de todo el día».

Esto, sin entrar en que «ahora es la gran puerta de entrada al tabaquismo». «No solo porque es más fácil que les empiece a apetecer fumar, sino porque muchas veces se da una adicción dual y acaban combinando los cigarrillos electrónicos con los tradicionales», remata.