«¡Hay que liquidar a Franco!»

Carlos Fernández A CORUÑA

A CORUÑA

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Historias de A Coruña | Atentado contra el Caudillo Dos sindicalistas coruñeses prepararon una intentona golpista contra el general a mediados del año 1932

10 mar 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

De todos los intentos de atentar contra la vida de Franco, los más citados son los dos de San Sebastián (en la curva de Aldapeta y otro con una avioneta); el de Las Palmas (cuando, en julio del 36, se trasladó al aeropuerto de Gando para viajar a Marruecos), el de la llegada a Madrid del presidente Eisenhower, en 1959, e incluso el de la curva de Bastiagueiro en el verano de 1970. Sin embargo, poco se cita al que hubiese sido más fácil: el de la primavera de 1932, cuando Franco era gobernador militar de A Coruña. Cuando estaba preparando, en 1980, mi libro sobre el alzamiento de 1936 en Galicia, requerí la ayuda de mi buen amigo el periodista Paco Pillado, que me presentó, o me dio datos, sobre numerosos personajes que vivieron aquellos hechos. Uno de ellos fue Manuel Fernández, que venía casi todos los años a pasar el verano en A Coruña, su ciudad natal. Fernández, nacido en 1904, era, en los 30, militante del Partido Sindicalista de Ángel Pestaña, habiendo actuado durante la dictadura de Primo de Rivera de intermediario con la CNT y el movimiento libertario. En 1930 participó en el llamado Pacto de Lestrove, que acordó enviar a Casares Quiroga como representante de los republicanos gallegos a la reunión de ese mismo verano en San Sebastián, que sería el germen de la Segunda República. Cuando, en febrero de 1932, el general Francisco Franco fue destinado a la ciudad coruñesa como jefe de la 15 Brigada de Infantería (cargo equivalente al de gobernador o segunda autoridad militar de la plaza), se le encomendó su vigilancia, junto con otro militante sindicalista, pues se sospechaba de él como posible implicado en el movimiento insurreccional que preparaba el general Sanjurjo. «El general -me contó Manuel Fernández- iba casi todas las tardes al Nuevo Club, una sociedad recreativa que estaba en la calle Real, cerca de la joyería Malde (también algunas veces lo hacía en el café Unión, en la plaza de Pontevedra). A la salida, se dirigía dando un paseo por el descampado de la Marina y la Dársena hasta el edificio del Gobierno Militar en la Ciudad Vieja (algunas noches se detenía, asimismo, en el Club Náutico). Una vez, mi compañero me dijo cuando le seguíamos: '¡A éste tipo hay que liquidarlo, pues no me inspira ninguna confianza!'. Tenía la pistola cargada y estaba muy excitado. Me costó mucho hacer que desistiera de su propósito y tuvimos, incluso, un pequeño forcejeo, pero al final no lo hizo. Cosas del destino, pues se hubiera cambiado sensiblemente la historia de España y, sobre todo, la de Franco». Autoridades Cuando se produjo, el 10 de agosto del 32, la sublevación de Sanjurjo, Franco se mantuvo a la expectativa, pues no vio posibilidades de éxito en la intentona. Al mes siguiente, estaba entre las autoridades que recibieron en A Coruña a Manuel Azaña, presidente del Gobierno, y a Casares Quiroga, ministro de la Gobernación. En el banquete oficial que se le ofreció en Hotel Atlántico, Azaña pronunció un breve discurso en el que, entre otras cosas, dijo: «La República está fuerte y si se produjese una insurrección que nos derribase a todos de nuestros cargos, el pueblo restablecería la situación en veinticuatro horas». Franco permanecería en su destino coruñés hasta el 15 de febrero de 1933, en que fue enviado a Baleares como comandante general de las islas, en plaza de superior categoría (pues el cargo correspondía a general de división y él sólo era de brigada). Manuel Fernández fue, en julio de 1936, de los defensores del Gobierno Civil de A Coruña (entonces estaba en el edificio del Rosalía) y, tras ser detenido, estuvo a punto de ser paseado por las brigadas represoras. Finalmente sería puesto en libertad.