La vida en A Coruña se instala en tiendas y oficinas: el Ayuntamiento concedió 77 licencias para cambios de uso de bajos comerciales en el 2025
A CORUÑA
La mayoría de viviendas que un día fueron mercerías, ópticas o talleres, se situarán en el Ensanche, Cuatro Caminos y en el barrio de Eirís. Alexandre Cameselle, arquitecto: «En España no nos gusta vivir en bajos por una cuestión cultural»
17 ene 2026 . Actualizado a las 23:31 h.Entre el jolgorio que arranca en la plaza de Monforte a la hora del vermú y la remozada calle Ángel Senra, se expanden cada vez más metros de aceras fantasma. Ocurre en la calle Asturias, en Gregorio Tovar, en la calle Vizcaya y en San Vicente. Los comercios vacíos plagan Os Mallos, pero también zonas del Agra do Orzán y Monte Alto. Muchos hace más de diez años que bajaron la persiana, y otros tantos dijeron adiós a sus clientes con la irrupción de la pandemia. Una norma autonómica más flexible, un cambio de mentalidad —obligado, en parte, por las consecuencias de la agudísima crisis de la vivienda— y la necesidad de paliar la sangría de gastos que acumulan los bajos abandonados han propiciado un cambio de paradigma que ya es una realidad. El Ayuntamiento de A Coruña concedió el pasado año 77 licencias de cambios de uso de local comercial a vivienda, cuando en el 2023 entregó tan solo 10.
Justo ese año, el Gobierno autonómico aprobaba el decreto que facilitaba que oficinas, comercios o almacenes en desuso pudiesen reconvertirse en lofts y apartamentos. La noticia de la actualización de las normas de habitabilidad pretendía «evitar la degradación de los cascos urbanos» al tiempo que ofrecía nuevas «viviendas dignas con alquileres más bajos». Los requisitos se volvieron aún más laxos en el 2025, ya que además de permitirse que las viviendas de los bajos tuvieran ventanas que den a espacios comunes, ya no es obligatorio tener una salida de humos ni una altura mínima de 2,70 metros —basta con que existan 2,4 metros de altura libre final—.
No son pocos los propietarios, y también compradores, que vieron en esta alternativa un chollo, y que tienen que acudir a su correspondiente ayuntamiento para que le dé el visto bueno a la obra. En A Coruña, según un informe de la Federación Galega de Empresas Inmobiliarias (Fegein), se tramitan a velocidad de crucero, al menos en comparación con otras ciudades gallegas: si en Ourense estos trámites se dilatan hasta 24 meses y en Lugo unos 15, en A Coruña se resuelven en menos de un año.
Según la información facilitada por fuentes municipales, el mapa de A Coruña deja una imagen en la que impera la lógica: son las zonas mejor valoradas y con más comercios cerrados los sitios que verán emerger viviendas donde un día hubo una mercería, una tienda de zapatos o el taller de un ferretero. Así, es el entorno de Juan Flórez y de Cuatro Caminos donde próximamente habrá más bajos comerciales habitados. También nacerán muchos apartamentos a pie de calle en el barrio de Eirís, y en enclaves que semejan un páramo comercial, como la zona de A Falperra y algunas callejuelas de Monte Alto.
Carlota Sánchez, de la promotora Kunawasi, explica que aunque se han dado pasos hacia adelante para que los locales comerciales abandonados tengan una nueva vida, «la norma sigue pidiendo requisitos que resultan muy limitantes para algunos locales. Además, la demora en los permisos hace que algunos interesados aún se echen para atrás». Esta arquitecta, que quizás no ve tan claro que estas viviendas tengan cabida en el corazón neurálgico de una ciudad, sí piensa que es una gran solución para los barrios. «Muchos propietarios no encuentran salida para unos locales que les generan gastos, ya que tienen que seguir pagando la comunidad, gastos generales del edificio o derramas». Por otro lado, indica que aunque el ahorro es cada vez menor por el ajuste del mercado, «sigue siendo una oportunidad respecto a otro tipo de inmuebles, sobre todo para personas con problemas de movilidad o incluso para gente que convive con animales con dificultades para caminar».
El Ayuntamiento de A Coruña, que el pasado año puso en el centro de su agenda la crisis habitacional —con especial atención en la declaración de la zona tensionada— no considera que «la flexibilización propuesta por la Xunta para convertir bajos comerciales en viviendas sea la solución al problema de la vivienda».
La alcaldesa, Inés Rey, explica que la corporación que dirige «no está en contra de cambiar el uso de un bajo comercial a vivienda siempre que se cumplan las condiciones de habitabilidad y de dignidad mínimas, porque lo que no se puede es crear infraviviendas». Y añade: «También es necesario tener en cuenta la necesidad de que los barrios mantengan zonas comerciales que dinamicen la economía, ya que son un elemento central para la vida de las ciudades. Este Ayuntamiento otorga licencia para estos cambios cuando se cumplen los requisitos, pero la forma de resolver el problema de la vivienda no es aprovechar espacios con peores condiciones de habitabilidad que los pisos, sino construir un parque suficiente de vivienda pública, algo que la Xunta no ha hecho hasta el momento».
Las asociaciones de vecinos consultadas por este periódico se muestran favorables a esta medida. Desde Os Mallos, Vanesa Morales defiende que es necesario que barrios como este se regeneren de una manera u otra, y esta es una buena opción: «En esta zona hay comercios que llevan cerrados veinte años, que además corren el riesgo de ser okupados. De esta manera ganan los propietarios, los vecinos e incluso personas mayores o con movilidad reducida, que preferirán vivir en un inmueble de este tipo». Juan Manuel Iglesias, por su parte, representa a los vecinos de Cuatro Caminos, y sintetiza su opinión diciendo que «tal y como están los precios de la vivienda es una de las pocas formas que tienen los jóvenes de independizarse, y además así rejuvenecemos el barrio. Me parece una idea perfecta».
Las inmobiliarias ven un filón en ofrecer pisos que aún no tienen licencia
El grueso de la población, como mínimo, echa un primer vistazo en portales tipo Idealista o Fotocasa antes de acudir a una inmobiliaria o de buscar vivienda por su cuenta. Las agencias lo saben y aprovechan el incipiente bum del cambio de uso para sacar tajada. Usando el filtro «local», «oficina» o «trastero» es poco probable que uno encuentre, precisamente, lo que busca: un bajo comercial que pueda convertirse en un hogar. La tendencia, explica uno de los arquitectos consultados para elaborar estas páginas, «es anunciar estos locales en el apartado de viviendas incluso antes de que tengan concedida la licencia». Ocurre con un local de 106 metros cuadrados que se vende por 95.000 euros en la zona de Os Mallos, cuyo anuncio especifica que busca inversores. También con una oficina situada en avenida de Oza, de 65 metros cuadrados, que también busca inversores y tiene la «posibilidad de cambio de uso». En este caso cuesta 128.000 euros.
Los interesados no pueden ver las imágenes del local en cuestión, ni de la distribución o sus estancias; tan solo tienen acceso a una proyección virtual de la casa que podría ser en un futuro.
De la decena de anuncios que peinan internet sobre bajos comerciales que serán vivienda en A Coruña, la horquilla de precios es amplia, pero se mantiene por debajo del de las viviendas más tradicionales —con ascensor en el caso de que sea antigua— o de obra nueva. Así, los que están disponibles en los portales van de los 85.000 euros que cuesta un bajo de 92 metros cuadrados en el entorno de A Cubela, a los 324.000 euros que vale una oficina de 137 metros cuadrados en una calle paralela a Juan Flórez.