El origen de la pérdida de memoria se encuentra en el sistema digestivo

Adrián García Seoane REDACCIÓN / LA VOZ

CIENCIA

Imagen de la radiografía de un cerebro.
Imagen de la radiografía de un cerebro. Highwaystarz-Photography

Un estudio demuestra que el deterioro cognitivo comienza en el intestino

11 mar 2026 . Actualizado a las 21:15 h.

El deterioro de la memoria puede comenzar en el aparato digestivo. Así lo ha constatado un experimento con ratones en el que un equipo internacional formado por investigadores de centros estadounidenses y europeos ha comprobado que la inflamación gastrointestinal y los cambios que esta conlleva son un factor directo del daño cognitivo. El estudio, publicado por la revista Nature, podría explicar en parte por qué determinadas personas presentan un mayor deterioro cognitivo en comparación con otras de su misma edad.

La investigación apoya sus conclusiones en el descubrimiento de una «ruta biológica» que conduce hacia la pérdida de memoria y que comienza con el envejecimiento gastrointestinal y las alteraciones microbianas y metabólicas que se producen a continuación. En respuesta a tales cambios, las células mieloides del intestino activan una reacción inflamatoria que perjudica la conexión entre el intestino y el cerebro a través del nervio vago.

No obstante, hay una buena noticia. Los científicos han encontrado una vía para revertir este daño tras comprobar que, si se restaura la actividad del nervio vago en ratones de edad avanzada, es posible recuperar la función de la memoria hasta niveles similares a los de un ejemplar joven, lo cual abre prometedoras expectativas para desarrollar tratamientos en el futuro. De hecho, la estimulación del nervio vago ya está aprobada en humanos en muchos países para tratar los síntomas de enfermedades como la epilepsia. «Nuestra esperanza es que, en última instancia, estos hallazgos puedan trasladarse a la clínica para combatir el deterioro cognitivo relacionado con la edad en las personas», afirma a este respecto uno de los autores del trabajo, Christoph Thaiss, del Instituto de Investigación Arc de California.

Para comprobar la teoría de que la microbiota intestinal —el conjunto de microorganismos que habitan el intestino— influye en el envejecimiento cerebral, los investigadores alojaron a ratones jóvenes (de dos meses) junto a otros viejos (de 18 meses). Al vivir (y defecar) juntos, los jóvenes quedaron expuestos a la microbiota intestinal de los ancianos y viceversa. Tras pasar un mes juntos, los científicos examinaron la composición de la microbioma —la información genética de la microbiota— de ambos grupos y descubrieron que el hecho de compartir espacio hizo que los microbiomas de los jóvenes se parecieran más al de los animales viejos.

Además, cuando se comparó la capacidad de los ratones para reconocer un objeto nuevo o encontrar la salida a un laberinto, los ejemplares jóvenes con microbiomas viejos obtuvieron malos resultados en estas pruebas, al igual que sus homólogos de edad avanzada. Sin embargo, al restablecerse mediante antibióticos su microbioma original se invirtió el efecto, por lo que los ratones pudieron recuperar sus niveles juveniles de función cognitiva..

Una bacteria inflamatoria, detrás del envejecimiento mental

A diferencia de los ratones comunes con microbiomas típicos del envejecimiento, los ejemplares libres de gérmenes mostraron un deterioro cognitivo más lento, lo que respalda la idea de que existe algún componente en el microbioma envejecido que impulsa el proceso de pérdida de memoria. Los autores del estudio creen que ese componente es la bacteria Parabacteroides goldsteinii, cuya producción, que aumenta con la edad, crea una inflamación que desactiva las funciones del nervio vago y contribuye al deterioro cognitivo. Los investigadores comprobaron que si colonizaban los intestinos de ratones jóvenes con esta especie bacteriana, estos perdían capacidades en las tareas de reconocimiento de objetos y escape del laberinto.