César de la Fuente: «Enseñamos a los ordenadores a crear moléculas para matar superbacterias»

El científico gallego investiga nuevas alternativas para el desarrollo de antibióticos basadas en la teoría de Darwin


redacción / la voz

Con apenas 30 años fue elegido por el Instituto Tecnológico de Massachussetts como uno de los diez mejores innovadores jóvenes menores de 35 en España. Ahora, con 33, la revista científica Gen ha situado al biotecnólogo César de la Fuente Núñez (A Coruña, 1986) entre los diez mejores innovadores del mundo menores de 40 años en ciencias de la vida y la salud. Lo reconoce como pionero en la informatización de sistemas biológicos para el desarrollo de tecnologías que resuelvan grandes desafíos, como la resistencia a antibióticos, especialidad a la que se dedica. ¿Su objetivo? Enseñar a los ordenadores a diseñar moléculas basándose en la teoría de la evolución de Darwin para atacar de forma eficaz a las superbacterias resistentes a antibióticos. Es un enorme desafío. Casi como convertir la ficción en ciencia, pero no asusta a un joven que está a punto de ser nombrado catedrático en la Universidad de Pensilvania, uno de los más jóvenes de una institución fundada por Benjamin Franklin en 1750 y que tiene entre sus graduados ilustres a Noam Chomsky o a Elon Musk.

-¿Cómo se enseña a los ordenadores a matar bacterias?

-Lo que le enseñamos a los ordenadores es lo que aprendemos de la naturaleza, a evolucionar moléculas que vienen de la naturaleza para matar virus. Aquí tenemos dos problemas. El primero: cómo desarrollar nuevos antibióticos, porque las farmacéuticas llevan años sin descubrir nada nuevo. Entonces, la primera solución a la que llegamos fue que había que utilizar ordenadores, porque nos permite explorar muchas combinaciones de moléculas para descubrir otras que tengan funciones mucho mejores.

-¿Pero cómo?

-La segunda conclusión a la que llegamos fue que la mejor manera de mejorar las moléculas era hacerlo como lo hace la naturaleza: a través de la evolución de Darwin. Entonces, enseñamos a los ordenadores a ejecutar funciones de mutación, selección y recombinación para acelerar la evolución de las moléculas y que puedan matar a las bacterias de forma efectiva. Básicamente, es el primer ejercicio para enseñar a los ordenadores a construir moléculas que maten a las superbacterias.

-¿Por qué esta estrategia?

-Es importante por dos razones. Porque disminuye dramáticamente el coste de producir nuevos antibióticos y el tiempo que lleva desarrollarlos. Básicamente, el ordenador hace todo el trabajo, aunque luego nosotros tengamos que evaluar los resultados de manera natural en laboratorio. Cuando esta tecnología esté madura también se podrá aplicar a otras áreas, como el cáncer o la malaria.

-Pese a las advertencias, ¿aún no somos conscientes del problema de las superbacterias?

-Hay una falta de inversión total. Mejoró durante unos años, pero la inversión es diminuta si se compara con otros. No hemos priorizado como sociedad invertir dinero en esta área. La estimación para el año 2050 es que diez millones de personas al año van a morir como consecuencia de las superbacterias. Es realmente urgente encontrar nuevas estrategias para combatir estas bacterias.

-La previsión apunta a que una persona morirá cada tres segundos si no se encuentra una alternativa. ¿Es así de crudo?

-Sí, así de crudo. Si no se encuentran nuevas alternativas terapéuticas morirá una persona cada tres segundos a partir del 2050.

-¿Por qué no se prioriza entonces la investigación?

-Es lo que no entiendo, que los gobiernos o las grandes farmacéuticas u otros organismos no lo prioricen. En parte creo que es por un problema económico, porque los antibióticos no dan dinero, ya que son demasiado efectivos. Me explico, tú tienes una infección y en una semana te curas. Entonces, para las farmacéuticas no es muy rentable, ya que prefieren volcarse en enfermedades crónicas en las que tienes que tomar el medicamento durante años.

-Entonces, ¿qué se puede hacer?

-Ofrecer nuevos incentivos para el desarrollo de nuevos antibióticos. Por ejemplo, sería muy interesante que el Gobierno de España propusiera algo así para que las farmacéuticas y las startup tengan un incentivo.

«Si no nos recuperan se pierde el dinero gastado en nosotros» 

César de la Fuente Núñez, que estudió en el instituto Eusebio da Guarda de A Coruña y se graduó en Biotecnología en la Universidad de León, completó su formación en la Universidad de Columbia (Canadá) y en el MIT (EE.UU.), de donde acaba de ser fichado por la Universidad de Pensilvania.

-¿Se ha planteado en el futuro volver a Galicia?

-Sí, sí, a mi me encantaría volver a Galicia, porque me encanta y porque tengo mi familia ahí, en A Coruña. Es un sitio espectacular y aquí se lo digo a todo el mundo. En un futuro no me importaría volver si se dieran las condiciones adecuadas y puedo hacer investigación de nivel. Yo sé que los científicos gallegos son espectaculares y muy creativos, con lo que el caldo de cultivo ya está ahí. Pero esto hay que valorarlo y apoyarlo.

-Trabajar en el extranjero es necesario, pero el problema es que luego a muchos no se les ofrece la oportunidad de regresar después de la inversión que se ha realizado en su formación.

-Totalmente de acuerdo. Yo me he formado en Galicia y en España y tengo cierta responsabilidad por devolver, de alguna manera, el dinero que han invertido en mi. Todos los contribuyentes han pagado para que yo pudiera cultivarme a nivel científico y de todo tipo, por lo que tengo una deuda que quiero pagar.

-Sí, pero si no se recupera el talento ni usted ni otros podrán hacerlo y se pierde la inversión.

-Sí, sería una pena que esa inversión, primero cuando eres pequeño y luego en la universidad, no se recupere. Me parece una enorme pérdida de talento y de cerebros, pero también una pérdida económica para el país tremenda. La inversión deja de serlo, porque si la gente se va y no vuelve desaparece. Al final, es una pérdida de dinero, porque todos los ciudadanos están pagando para nada, lo que me parece dramático. No sé, tendría que existir un programa bien definido para poder atraer de nuevo a los investigadores que se han formado fuera, porque si no son otros países los que se aprovechan de lo que los españoles ha invertido en nosotros.

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