«¿Qué pasa con los potitos?»

Pablo González
PABLO GONZÁLEZ A CORUÑA

CIENCIA

HERIBERT PROEPPER

LA ENFERMEDAD BOVINA ALCANZA ESPAÑA Un teléfono de la Casa de las Ciencias recoge el interés ciudadano sobre las «vacas locas» La voz metálica del contestador automático de la Casa de las Ciencias de A Coruña es estos días el mejor barómetro para conocer las inquietudes de los ciudadanos sobre las «vacas locas». Y la conclusión es que la intranquilidad afina mucho la curiosidad. Así que la preocupación por el clásico filete se distribuyó por otros productos alimenticios y hasta cosméticos. «¿Existe algún riesgo con los potitos?», preguntó una madre.

15 dic 2000 . Actualizado a las 06:00 h.

El aluvión de llamadas al buzón telefónico creado por la Casa de las Ciencias -en dos días recibió centenares de preguntas- es una muestra más de la necesidad de una campaña informativa sobre el mal de las vacas locas. «Al menos lo que desean conocer es cuál es el verdadero nivel de riesgo», señala Ramón Núñez, padre de la idea y director de la Casa de las Ciencias. Las más numerosas fueron las referidas a la seguridad alimentaria: sobre el riesgo de tomar leche de vaca, la comida de las mascotas o las papillas infantiles. Los aficionados a la lengua de ternera se preguntaban si tan exquisito manjar encerraba algún peligro. Lo mismo pasó con los fieles al osobuco. En general, los interrogantes no se van por las ramas, sino que alcanzan una concreción milimétrica. Como el uso de grasas de vacuno en cremas y cosméticos. ¿Es una práctica de riesgo algo tan humano como frenar el envejecimiento? Los ganaderos también tenían su pregunta del millón: «¿Por qué se sacrifican todas las reses de una granja cuando se detecta un caso si el mal no es contagioso?». Más aún: «¿Alguien se preocupa por otros animales que hayan comido harinas cárnicas?». El misterio del prión se convierte en algo insondable para algunos. «¿Cómo funciona?», «¿Es como un virus?», «¿Podemos tenerlo sin que se manifieste?»... Y no digamos las dudas que plantea su viaje al cuerpo humano, o si sus devastadora influencia en el cerebro afecta más a los mayores que a los niños.