Jorge sufrió un infarto junto a la ría de O Burgo. Sigue con vida porque una persona le prestó los primeros auxilios. Hoy la busca para darle las gracias
06 dic 2013 . Actualizado a las 07:00 h.El día 13 de este mes Jorge cumplirá 58 años. Hará una fiesta de cumpleaños para celebrar su regreso a la vida. Acaba de sufrir un infarto que lo colocó en la entrada del túnel, pero ahora disfruta de cada latido. Quiere invitar a la persona que le salvó la vida, la que estuvo comprimiendo su corazón desmayado durante quince minutos, el tiempo que discurrió entre su caída y la llegada de la ambulancia. Por no saber, Jorge no sabe ni si era hombre o mujer. Su identidad se ha convertido en asunto de Estado en la familia Fernández. «Cada día mis hijos me preguntan quién fue, quién salvó a su padre», explica Carmen, la esposa de Jorge.
Fue el miércoles pasado cuando este pladurista en paro, natural de Coristanco, «trotaba» por el paseo de O Burgo, en las afueras de A Coruña. Ese es su último recuerdo, corriendo a un ritmo no muy rápido para garantizar la forma en los partidos de veteranos que arbitra los fines de semana. Luego, fundido en negro y su cerebro entró en un letargo de tres días. Al despertar, se descubrió un lado de la cara lleno de rasguños y se quejó a los médicos de una presión insoportable en el pecho. Pronto le explicaron que su dolor torácico era a causa de la concienzuda rehabilitación de primeros auxilios.
-¿Pero quién fue doctor?
-No, eso no lo sabemos.
Lo que sí deducen es que se trata de un o una profesional de la sanidad. «Me dijeron que por ese paseo corren muchos médicos y enfermeras, supongo que por sus proximidad al Hospital A Coruña», dice Jorge, que confía en recibir el alta muy pronto. No pone impedimentos en posar con pijama desde la planta octava del Chuac. «Lo que sea necesario para que me vea, me reconozca y contacte conmigo. Lo que más ilusión me hace ahora mismo es darle las gracias por devolverme la vida. No todo el mundo se pasa un cuarto de hora intentando reanimar a alguien», explica Jorge Fernández con su acento uruguayo intacto pese a vivir entre Coristanco y el barrio coruñés del Ventorrillo. Una vez abandone el hospital volverá al lugar donde se derrumbó aquella tarde, pero no para correr. «Espero cruzarme con esa persona y que me reconozca».