Algo hemos hecho mal

Pedro G. Vieites CORRIENTES DEL ANLLÓNS

CARBALLO

21 oct 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Algo hemos hecho mal, estamos haciendo mal y semeja que seguiremos haciendo mal. Hace unos días, el INE hacia público el PIB del segundo trimestre, que para sorpresa de muchos se posicionaba entorno a un 1,1 %, frente al 2,8 % que presentó el Gobierno para el cuadro macroeconómico de los Presupuestos del 2022. Esto implica un crecimiento menor del esperado con sus consecuencias para los ingresos, en un país con el mayor déficit de la zona euro, con las mayores tasas de paro, con los mayores índices de endeudamiento público y privado insostenible en largo plazo, en fin, con un crecimiento económico financiado con deuda destinada a gasto corriente y no a inversión (según el Banco de España, en el 2020 hemos tenido el mayor incremento de deuda pública de la zona euro). Ante este escenario, nuestro sistema fiscal recauda y redistribuye la renta y la riqueza, pero semeja que no lo ha hecho bien y continúa haciéndolo peor que otros países del entorno.

La Hacienda, en su conjunto (central, autonómica y local) aún no ha sido capaz de resolver sus puntos negros, dado que recauda menos que los países de Europa con tipos impositivos similares, algo que tal vez pueda tener relación con lo que decía Jose L. Feito: «Cuando el espíritu del recaudador se adueña de la mente del legislador el país no solo tendrá ingresos menores e impuestos más altos que los que podría tener, sino también menos vigor empresarial, menor crecimiento y más paro».

Desde el punto de vista del contribuyente, seguimos instalados en una cada vez más preocupante inseguridad jurídica por el funcionamiento del sistema impositivo, como recuerda Javier Gómez Taboada en su reciente post «¿Obediencia debida?», en referencia a que el 78 % de las reclamaciones resueltas sobre las actuaciones de la ATRIGA (Agencia Tributaria de Galicia) fueron favorables a los contribuyentes. Si a ello añadimos las sentencias del Tribunal Constitucional y del Supremo que anulan o corrigen aspectos básicos de la legislación tributaria, no es casualidad que los resultados sean una menor recaudación ante una mayor presión fiscal, con nivel de ocupación cada más preocupante, un déficit público en constante crecimiento y una previsible avalancha de concursos de acreedores que debilitarán más la recaudación y que con altas cargas sociales al trabajo nos posiciona ante un futuro preocupante de cara a los compromisos ante la UE para recibir los fondos Next Generation.