La emigración

Mi aldea del alma | Por Ramón Romar lópez


De la poca información que disponemos se aprecia que la emigración de Fornelos debió ser muy elevada durante siglos. Información que procede de algún documento privado, por vía oral y principalmente de los libros parroquiales de Baio: bautismo, matrimonio y fallecidos. Así, tenemos claro que hubo tres etapas muy definidas. Hasta mediados del siglo XIX se dirigía a la península; a partir de esta fecha y hasta mediados del siglo XX, lo hicieron a América; y a partir de mediados del siglo XX el destino fue Europa.

Sabemos que emigraban a una edad muy joven. En 1848 se celebra el funeral de Joaquín Touzas, vecino de Fornelos y fallecido en Madrid a los 18 años. Hay otros fallecidos lejos de Baio a la edad de 19, 21 o 23 años.

Emigración a Madrid y Portugal. En los libros parroquiales, entre los años 1778-1885, hay muchos datos. En los de bautismo, figura una partida del año 1832, en la que se hace constar que el marido de la madre del recién llevaba mucho tiempo en Portugal. En los de matrimonio figuran tres casos en los que el varón había vivido, dos en Madrid, y uno Portugal. Y en los de defunciones figuran 11 fallecidos en Madrid (la mayoría de Fornelos). Y otro falleció en Jerez. Según una escritura de 1781, Manuel Maurín, vecino de Fornelos, vivía en Madrid, donde tenía una pastelería. Por otro documento sabemos que el último Vinculeiro do Vao estuvo en Madrid sobre 1847, por un período corto de tiempo, y más tarde volvió, según vía oral. También por vía oral, sabemos que sobre 1860 Francisco Pose García trabajaba de pastor en las cercanías de Madrid. Con anterioridad lo había hecho en las cercanías de Oporto.

Mi caso fue mucho después, en 1982. En aquel entonces ya había aquí otros dos vecinos de Fornelos, y varios de Baio. La mía fue una emigración atípica, pero no por eso dejó de ser dolorosa. Tenía un buen trabajo y una buena situación económica, pero por motivos de salud, mía y de mis hijos, debía probar un clima más seco.

Emigración a América. Alrededor de 1860, fueron muchos vecinos los que se fueron a América. Uno fue Juan Suárez O Maroto, una vez arruinado en el juego se fue a Brasil. Lo mismo sucedió cuando se arruinó el Vinculeiro do Vao; un hijo y un sobrino se fueron a Montevideo y dos a Buenos Aires. Y por estas fechas Pepe Romar emigró a Oporto y de allí a Brasil. En los libros de fallecidos figuran tres en La Habana (al menos uno era soldado), dos en Buenos Aires, uno en Montevideo. En la primera mitad del siglo XX, rara era la casa de Fornelos con alguien en Buenos Aires.

A estos hay que añadir cuatro que a finales del siglo XIX y principios XX iban a la moina a Buenos Aires. (Moinante es el que se finge humilde con fines de beneficio). Allí pasaban el invierno pidiendo, haciéndese pasar por lisiados, cojos, ciegos o que le había ido mal: pedían para regresar a España.

Emigración a Europa. En este caso la distancia es menor y podían venir de vacaciones, pero seguía siendo una aventura con obstáculos. Se emigraba en condiciones muy difíciles, algunos sin contrato de trabajo y con la losa de un idioma distinto. Había taxistas que iban a Suiza con unos coches muy antiguos, de cinco plazas; entre los asientos ponían dos banquetas, y así iban ocho: tres en el asiento de atrás, dos en las banquetas y dos delante con el chófer, y las maletas en la baca. Así durante dos o tres días, con la comida en la fiambrera, para todo el viaje.

Había casos en los que emigraba el matrimonio y dejaban a sus hijos (de meses o pocos años) con los abuelos, y cuando volvían de vacaciones no los reconocían.

Más tarde los llevaban para Suiza y cuando volvían, no conocían a los abuelos. Con el dinero que ganaban muchos construyeron grandes chalés, pero cuando llegó la hora de la jubilación los problemas no fueron menores. Había que elegir entre dejar los hijos y nietos allá y venir solos, pasar temporadas en ambos sitos o quedarse allá definitivamente.

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