ARA SOLIS | O |
11 oct 2006 . Actualizado a las 07:00 h.EL NEXO es evidente y además, notorio, pero recapitulemos: en un breve lapso de tiempo (esto es importante) en la Costa da Morte ha ardido tal vez más que ningún verano. Ha llovido, en Cee y su órbita, tal vez, más que ningún año de las dos últimas décadas, hecho comparable quizás a las inundaciones brutales que muchos recordamos en Carballo o Ponteceso. Y ha venido un ciclón, el Gordon , que a pesar de llegar ya en horas bajas tuvo tiempo para hacer de las suyas en algunos municipios en general y en el de Muxía en particular. Por añadidura: ese extraordinario, insólito y anónimo tornado que arrasó un monte de pinos y eucaliptos en Carreira. O los reiterados accidentes de tráfico con víctimas jóvenes, o el miedo que genera la marcha de Calvo, o... Ya no hace falta volver a los míticos naufragios. Hoy, los naufragios son otros. Y dejemos el Prestige a un lado, que por sí sólo justificaría cualquier otro comentario. El matiz temporal mencionado es necesario porque, en estas circunstancias, no hay comarca gallega equiparable en territorio o población que haya padecido semejantes adversidades. Esto no es normal. Vale, tampoco es Darfur, ni Georgia, por poner dos, donde las catástrofes se escriben al día con mayúsculas, sangre y hambre, y lo de aquí sólo son perjuicios notables a nuestra cómoda vida cotidiana, pero no es normal . La Costa da Morte: ya sólo el nombre exhala una sensación romántica, de elevado interés para viajeros selectos, para hombres sabios que quiere conocer un lugar al que decían mágico. Con atractivos paisajísticos, históricos, etnográficos. Hace treinta años, nadie hablaba de ella, hoy la conoce todo el mundo. Periódicos del planeta, grandes libros, documentales... En todas partes está la Côte de la Mort, la Death Coast, la Küste des Todes. La Costa da Morte. ¿Será -los astros no lo quieran- que la fama leva aparejados tantos peajes?