El pulso de la Costa da Morte Los organizadores del Simposio Internacional sobre megalitismo de la Costa da Morte hicieron un buen trabajo. El baile gallego es bien acogido entre la juventud
10 jul 2006 . Actualizado a las 07:00 h.A pesar de la existencia de tradiciones con un gran arraigo entre la población, también hay espacio y lugar para iniciativas innovadoras. El pasado fin de semana, el Pazo da Cultura de Carballo acogió el simposio internacional sobre el patrimonio megalítico de la Costa da Morte. Una de las pretensiones del comité organizador; integrado por Xosé María Lema Suárez, Xosé María Méndez Doménech, Manuel Antelo Pazos, Silvia Lijó López, Manuel Suárez Suárez, Roberto Mouzo Lavandeira, Evaristo Domínguez Rial y Xan Fernández Carrera, era la de poner en valor el rico patrimonio megalítico de la comarca. Y también incentivar la propuesta de ideas que contribuyan a su conservación y aprovechamiento. El viernes estuvo dedicado a la apertura de las jornadas, pero además de la conferencia inaugural se celebró una excursión arqueológica por los principales monumentos da Costa da Morte. La totalidad del sábado fue destinado a un ciclo de conferencias impartidas por diferentes profesionales y a un coloquio. El domingo, día de clausura, contó con la presencia de varios conferenciantes y de un grupo de participantes en una mesa redonda, moderada por el presidente do Seminario de Estudos Comarcais da Costa da Morte, Xosé María Lema Suárez. El simposio resultó de un gran interés, y recibió una cálida acogida, por lo que no sería de extrañar la organización de próximas ediciones. En líneas generales, se asocia la infancia y la juventud con actividades tales como navegar por Internet, jugar con la videoconsola, escuchar música de actualidad o practicar deportes innovadores. Al mismo tiempo, se reservan las tradiciones para conmemorar tiempos pasados y rendir tributo a nuestros mayores. Sin embargo, aunque algunas personas lo desconozcan y otras prefieran obviarlo, son numerosos los niños y jóvenes que sienten una especial atracción por algunas de ellas. Eso deben pensar los chicos que están aprendiendo baile gallego, gaita y pandereta en la asociación cultural Adro. En el acto de clausura celebrado el pasado fin de semana, la juventud de Baio matriculada en el curso no sólo pudo demostrar su afición, sino también su habilidad. Como no podía ser de otro modo, y como viene siendo habitual en ésta y otras celebraciones, los participantes de menor edad fueron quienes levantaron más expectativas y arrancaron un mayor número de sonrisas entre el público asistente. Mientras que estos chiquillos sigan así (así lo avalan los múltiples galardones de los diferentes grupos), la danza típica de Galicia no se perderá. En cuanto a lo que iniciativas curiosas se refiere, el segundo fin de semana de cada mes de julio, se presentan en la playa de Reira (Camariñas) un grupo de amigos del Concello de Vimianzo. Allí aparecen cargados de comida y bebida, pero, sobre todo, de buen rollo y ganas de pasarlo bien. A lo largo de todo el fin de semana, pues la playa de Reira es testigo y cómplice de su diversión desde el sábado por la mañana hasta la tarde del domingo, los alimentos decrecen en número, no así el entusiasmo y la ilusión. Por el contrario, sí es cierto que el cansancio se incrementa progresivamente, con el transcurso del tiempo y el cúmulo de horas intensas. Este año, se celebró la edición número 26 de este original encuentro, aunque el grupo se constituyó hace un cuarto de siglo. Y es que en uno de los años anteriores, se celebraron dos ediciones y no una. El colectivo, que no cesa crecer, está comandado (mejor dicho, «capitaneado») por Manuel Rodríguez Lema, más conocido entre sus vecinos y amigos como El Capitán . Esta agrupación de paisanos no se corresponde con ninguna asociación, si bien es cierto que debe su origen a la peña Santa Sede, ya que es ahí donde se hallan las raíces de la reunión anual. En sus comienzos, eran 15 las personas participantes. A día de hoy, la cifra asciende a 85. Uno de los aspectos más llamativos es que, del mismo modo que aparecen en la playa, casi de improviso y por sorpresa, desaparecen sin dejar rastro. Por sorprendente que pueda parecer; tras un par de días comiendo, bebiendo e incluso durmiendo en el arenal; no queda ni rastro de su presencia. Al igual que conforman una piña para el ocio, conforman un perfecto equipo de limpieza.