ARA SOLIS | O |

06 oct 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

EL DÍA de su boda ambos se prometieron fidelidad y respeto, pero pocos años después cada uno iba por su lado. Él había encontrado a otra a quien respetar y serle fiel con más ahínco y ella prefería la compañía de su monitor de tenis, así que aquello de «hasta que la muerte os separe» sonaba ya un poco a risa. Me acordé de esta historia pensando en los vecinos de A Bugalleira. Y ojo, no porque la tasa de divorcios sea más alta en esa zona de Ponteceso -que lo ignoro-, sino porque a ellos también les prometieron algo hace unos meses. Les aseguraron que tendrían una circunvalación y que cuando el PP abandonase la Xunta, la carretera que atraviesa su pueblo vería reducido el tráfico de vehículos y, por tanto, los accidentes. Aunque el bipartito todavía está a tiempo de presentar el proyecto alternativo, me da la impresión de que los prometedores no especificaron cuándo cumplirían su palabra, así que antes de que la circunvalación sea una realidad todavía hay tiempo de que unos cuantos coches se empotren contra las casas. No fue ésta la única promesa que días antes del 20-J se oyó por la Costa da Morte. Las hubo a miles, y para todos los gustos, desde todos los partidos. Sin embargo, parece que, de momento, nadie parece acordarse de ellas. Ni los políticos, que no las cumplen, ni los ciudadanos, que no las reclaman. Y así, con este panorama, dentro de unos años volverá a ocurrirnos lo mismo: ellos -de todos los colores, porque no es exclusiva de ningún partido- vendrán por la comarca a prometernos fidelidad eterna y nosotros verenos con normalidad que se escapen con otra o con el monitor de tenis. Y esta vez sí, hasta que la muerte nos separe, porque parece el cuento de nunca acabar. Pero lo que no deberíamos olvidar es que las promesas que no se cumplen tienen un nombre: mentiras.