En directo | En la Motofesta Moteros venidos de todo el mundo se reúnen en la Costa da Morte en la que es una de las mayores concentraciones para los incondicionales de estas máquinas
06 ago 2005 . Actualizado a las 07:00 h.La Motofesta de Ponteceso se encontraba ayer en el ecuador de su vigésima edición. El presidente del Motoclub Costa da Morte de Ponteceso, que lleva diez años organizando el certamen -antes gestionado por el Grupo Motocarro-, comentó que este año está inscribiéndose muchísima gente. El viernes se apuntaron 82, cuando a esas alturas suelen hacerlo tan sólo unos 25. En total, y teniendo en cuenta aforos pasados, para este año esperan la participación de unos 400 moteros. Eso sin contar los que pasan por Ponteceso sin registrarse, que son en torno a 1.500, según los organizadores. En la Plaza de la Feria pueden contemplarse estos días cientos de motos de todas las marcas y modelos, desde las más habituales de carretera hasta de cross, enduro o choppers, estas últimas consideradas como las más impresionantes por su forma -muchas veces personalizada-, su sonido y el cuidado con que están atendidas. La fiesta que fue Acampados en el campo de fútbol pueden verse gentes de toda Galicia, y de gran parte de España: Zaragoza, Sevilla, Madrid, Barcelona, e incluso extranjeros. Como auténticos easy riders - en versión lusa-, los integrantes del Motoclub Galos se pasan el verano de concentración en concentración. Tras inscribirse y cenar como es debido se realizó una exhibición de acrobacias, a cargo de dos quads, uno de ellos construido por su dueño a partir del motor de una Honda CBR 600. La organización estima que viendo los caballitos, pinces e invertidos había en torno a 1.300 personas. Una exposición de motos clásicas, que saldrán hoy en ruta con las otras inscritas, hizo la boca agua a coleccionistas y amantes del diseño con los 25 modelos expuestos, entre ellos alguna cotizadísima Vespa. Como colofón, fiestón motero en A Vieira. Ayer estaba previsto que a las seis de la tarde un chico de Santiago exhibiera su habilidad sobre una pequeña moto de 50 cc. Para despues de cenar, lo planeado era repartir las llamadas antorchas -realmente cápsulas rellenas de un líquido fluorescente- y, todos juntos, formando una serpiente de luz, reptarían del monte Blanco hasta la playa de Balarés. Allí celebrarían una queimada y luego lo que llaman fiesta «barítima» -híbrido de bar y mar, que seguro dejó a más de uno bareado al día siguiente -. La que será A las 11.00, con el desayuno aún en la garganta, otra ruta. Tras tomar los vinos y comer, la fiesta concluirá con la entrega de trofeos, con premios al piloto de más edad, al más joven, al que viene de más lejos o al motoclub con más moteros inscritos.