Reportaje | El litoral, desde otro punto de vista Un año después del desastre, los parajes costeros de la Costa da Morte lucen como toda la vida
06 dic 2003 . Actualizado a las 06:00 h.Hace un año, la gran mancha negra recorría la Costa da Morte y se introducía en playas y recovecos cantiles. Quedar, queda algo, aunque el hermoso patrimonio costero brilla y reluce de nuevo y, más, mucho más, desde el aire. Desde el aire da esplendor verlo. El mérito lo tienen los que la limpiaron y la Naturaleza, que es sabia. Pero los efectos se notan. Dicen los naturalistas que de los araos que poblaban las Sisargas (las tres: la Grande, la Chica y Malante) muy pocos han sobrevivido para volver a otear las islas como en la fotografía, verdes y azules en los días claros y grises en los más negros. Cuestión de color. También ha desaparecido la veta cromática del jardín de pétreo de Man, en Camelle, el anacoreta que murió de pena, hace casi un año y cuyo santuario sugiere aún figuras deshilachadas desde el cielo, al que tanto miraba. En Traba de Laxe no falta nada de lo que había. Allí nació la palabra muerte bajo la arena y poco después brotó la vida en una cadena humana de esas que dejan ataduras con el mar para siempre. Esta mismas arenas, y las de Soesto, y las de Baldaio, y las de Langosteira y otras, estuvieron tan unidas por puntos negros que ahora, a un año a vista de pájaro, parece que se han ocultado para siempre. La distancia -área- es como la otra -memoria-, que ayuda a sepultarlo todo. menos el feísmo. Que ni brilla ni luce ni hace nada.