Entrevista | Bachir Mustafa Sayed El veterano político se muestra encantado por la hospitalidad del Concello de Cee
20 sep 2003 . Actualizado a las 07:00 h.Bachir Mustafa no para de reír y de dar las gracias. Alegre y humilde, sin embargo ha sufrido en primera persona, en los últimos 28 años, la tragedia de participar en primera línea del éxodo saharaui hasta las arenas de Argelia. Gobernador del asentamiento de Dajla, es, además, uno de los hombres destacados del Gobierno exiliado de su país, que mantiene el conocido contencioso con Marruecos, desde que en el año 1975 el reino alauita ocupara las tierras de la antigua coonia española. El viernes visitó Cee, acompañado por miembros de la Asociación Galega de Axuda ó Sáhara y la representación de este país en la comunidad. El Concello tomó la iniciativa de hermanarse con su campamento, en el que residen entre 35 y 37.000 personas. No cesaba de agradecerlo. -¿Cómo se siente tras el apoyo, tan explícito, de la Corporación de Cee? -Muy satisfecho, enorgullecido y agradecido, es la muestra del apoyo a una causa justa, un compromiso que alienta y respalda económica, moral y políticamente al pueblo saharaui. -Hable de su asentamiento, de Dajla. -Lleva el mismo nombre que una de las ciudades del Sáhara Occidental, en su zona sur, la que se conoce como Río de Oro. Ya fue el primer asentamiento que se organizó en el propio Sáhara antes de marchar a Argel. Pero hubo que huir por los bombardeos de los marroquíes. La población cogió tal psicosis a los vuelos de los aviones que nos fuimos a un lugar apartado de los campamentos de Tinduf, estamos a a unos 170 kilómetros. -¿A qué distancia están de la que siempre fue su casa? -A mucha, a mucha. Unos 2.000 kilómetros. Y desde el año 1976. -¿Cuáles son los principales problemas de Dajla? -¡Son tantos! Dajla comparte con los demás campamentos todas loas carencias y adversidades. Su peculiaridad es mayor en las comunicaciones. No hay teléfono, no se puede llamar, hubo iniciativas de personas y grupos americanos y alemanes que organizan cada año un maratón para conseguir algo mediante satélite, pero esto está fuera del alcance de la población en costo y ahora está paralizado. -¿Qué otros contratiempos sufren día a día? -No hay transporte adecuado o mínimamente confortable. Faltan talleres para el mantenimiento o la reparación en casi todo. Necesitamos frigoríficos o isotermos para tener algo fresco, legumbres o verduras. -¿A qué niveles llegan las temperaturas? -En verano alcanzamos los 48 o 49 grados, sobre todo este, que ha sido terrible. las noches son más frescas. -¿Y la sanidad, funciona? -El problema es el transporte sanitario, sobre todo la medicalización, el equipamiento de oxígeno con medios de asistencia primaria. El enfermo corre 180 kilómetros antes de llegar al hospital. -Y, con todo este panorama, queda algún reducto para la alegría? -Nuestro pueblo es alegre a pesar de la resignación que nos acompaña. No estamos abatidos. Sabemos que la ocupación durará, le llevará su tiempo, pero habrá seguramente luz más allá del túnel. Desde que se proclamó el alto el fuego, ahora la lucha es más política, una cuestión internacional.