Un año con acento laboral femenino

En los dos primeros meses del 2018 se ha registrado un cambio de tendencia, y el número de contratos realizados a mujeres supera en casi un 10 % al de hombres

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«Me gustaría tener mi propio trabajo, pero uno fácil» Macarena es usuaria de Amigos y lleva un mes participando en un curso de inserción laboral

Ribeira / la voz

Aunque las mujeres de la comarca cobran menos que los hombres -y, por lo tanto, también tienen una pensión más baja-, apenas ocupan los puestos directivos y sufren una mayor temporalidad, no todo son malas noticias en el ámbito laboral. De hecho, según los datos publicados por la Consellería de Traballo e Benestar, en lo que llevamos de año se ha producido un cambio de tendencia y, por primera vez en muchos meses, los contratos realizados a barbanzanas superan a los que firmaron los vecinos de la comarca.

En concreto, el porcentaje de diferencia entre ambos casi ronda el 10 %, con un 54 % a favor de las trabajadoras y un 46 % por parte de los hombres; o, lo que es lo mismo, de los 6.117 empleos que se crearon en la comarca durante el presente ejercicio, 3.333 fueron ocupados por vecinas de la zona. Otro dato significativo es que por primera vez en el último semestre las barbanzanas lograron superar la barrera de los 2.000 contratos mensuales, una cifra que se consiguió en enero, un mes que tiene sus peculiaridades, puesto que, aunque se pone fin a la campaña de Navidades, también retoman la actividad las numerosas conserveras que pararon por vacaciones y al mismo tiempo se inicia la época de rebajas.

Un enero muy bueno

De hecho, el primer mes de este año supuso un claro revulsivo en número de contrataciones totales, puesto que se firmaron 3.726 acuerdos laborales en la zona, lo que supone 1.400 más que los que se suscribieron en diciembre del 2017. Sin embargo, en febrero se ha producido un descenso significativo, cayendo a 2.391, lo que se traduce en 1.335 menos que en el mes anterior.

Por lo que se refiere al tipo de contratos, la situación no pinta nada bien, ni para hombres ni para mujeres, puesto que los temporales barren por amplia mayoría al resto. Así, de las 1.244 barbanzanas que accedieron al mercado laboral en el último mes, solo 31 consiguieron firmar una relación contractual indefinida, y 35 una indefinida a tiempo parcial. En el caso de los trabajadores de la comarca, de los 1.147 que lograron un empleo, solo 94 fueros fijos, a los que hay que sumar otros 21 a media jornada.

También hay una bajada significativa en el número de vecinos que acceden a un contrato en prácticas en la comarca, con apenas 14 personas en esta situación durante el mes de febrero.

Por sectores

Por lo que se refiere al reparto por sectores, las mujeres que todavía no han encontrado empleo tienen su vista puesta en los servicios, con una amplia mayoría, seguidas de las que optarían por trabajar en alguna industria -principalmente en conserveras- y en tercer lugar en el sector primario.

Por el momento, este año están dando una ligera alegría a las barbanzanas en el terreno laboral, una mejoría que tendría que consolidarse en el resto de meses para hablar de un cambio real de tendencia.

Macarena Fernández: «Me gustaría tener mi propio trabajo, pero uno fácil»

Si encontrar trabajo es difícil, y más para una mujer, las personas que sufren una discapacidad lo tienen todavía mucho más complicado. Sin embargo, esto no ha sido un obstáculo para que la asociación Amicos haya conseguido la inserción laboral de diez de sus usuarias en el 2017, a las que se podrían sumar en breve los integrantes de un curso formativo que se está impartiendo con la colaboración de la Fundación Iberdrola. Entre los participantes en este taller está Macarena Fernández, una viguesa de 21 años con discapacidad intelectual, que lleva apenas un mes instalada en el centro de Comoxo y que ha experimentado un gran cambio de conducta, algo a lo que ha contribuido mucho estar ocupada realizando distintas tareas.

«Nunca trabajé, lo llegué a intentar, pero era de camarera y no pude hacerlo. Desde que estoy aquí, esto se me da bastante bien», reconoce la joven, que se ha especializado en el embalaje de latas. No sabe si por ahí está su futuro, pero lo tiene muy claro a la hora de fijarse metas a medio plazo: «Me gustaría estar en mi casa, con mi familia y mi pareja, y también me gustaría tener mi propio trabajo, pero uno fácil», advierte.

Esta condición se la impone ella misma, puesto que en su día a día realiza una serie de tareas que tienen una cierta complejidad, y que resuelve con gran soltura. Además de llevar a cabo labores domésticas, que incluyen desde lavar la ropa hasta recoger y poner la mesa o fregar los platos, también asiste diariamente a talleres para mejorar sus capacidades intelectuales. «Me gusta más trabajar que las clases, que las llevo muy mal. Me gustan, pero no quiero pensar, como hacía antes».

Olvidar el pasado

Y, cuando hace esta afirmación, tiene muy claro todo lo que implica. Macarena quiere olvidar su pasado, unos años en los que sus «cruces de cables» la llevaron incluso a agredir a su madre. «Es algo de lo que me arrepiento muchísimo, y me gustaría quitarme esa mentalidad que tenía antes de niña pequeña, y ser una persona mayor».

Borrón y cuenta nueva. Eso es lo que quiere hacer y, por el momento, lo está consiguiendo, aunque no sin esfuerzo y con algún que otro altibajo. «Los monitores intentan ayudarme para que no vuelva a darme esa locura de coger e irme. Antes, cuando estaba en casa, cogía y me marchaba y no aparecía durante un mes. Luego, cuando me cansaba, llamaba y volvía», recuerda con arrepentimiento.

Este mes en Amicos la ha ayudado a «controlar esos arrebatos», y ahora está intentando no volver a pensar en esos episodios violentos, y mirar todo lo positivo que puede conseguir.

Cambio de actitud

«Cada vez que voy a casa, mi madre alucina. No me reconoce, dice: ‘Esta no es mi hija, me la han cambiado’. Pero yo le digo que soy la misma, pero que he cambiado en el sentido mental. Gracias a la ayuda que recibo aquí, sobre todo de Pilar, estoy mucho mejor», agradece, al mismo tiempo que insiste en que su objetivo es seguir con esta misma actitud para poder regresar cuanto antes a su hogar.

Allí la esperan sus sobrinos, por los que se desvive: «Los quiero con locura, son como si fueran mis hijos. Los he cuidado como si fueran míos. Por eso no quiero estar muy distanciada de ellos. Pero bueno, sé que aquí estoy bien y, aunque esté lejos, no estoy en la otra punta del mundo, como estaba antes, cuando estaba mal».

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