Las granjas deberán gastar tres millones para cumplir la norma de purines de la UE

Solo un tercio del medio millar de cisternas que hay en la zona puede adaptarse


mazaricos / la voz

Nuevo contratiempo de importancia para las explotaciones ganaderas de la comarca. A partir del próximo año, salvo que se consiga una moratoria más amplia, estará prohibido esparcir el purín sobre las fincas tal y como se viene haciendo desde hace décadas. Es decir, utilizando una cisterna equipada con un sistema de plato, abanico o cañón -los más habituales en la zona- que, formando una especie de cortina aérea, extiende el líquido de manera uniforme sobre el terreno. Al contrario, será obligatorio inyectarlo en el suelo mediante unos tubos que pueden acoplar a las cubas más modernas y cuyo coste oscila entre los 15.000 y los 18.000 euros, como apuntan desde un taller de la zona. Teniendo en cuenta que en Barbanza están en funcionamiento algo más de medio millar de cisternas de este tipo y que apenas un tercio permiten la colocación de inyectores, el coste que tendrá para las granjas la adaptación a la normativa superará los tres millones.

Otros muchos aperos quedarán inservibles, lo que obligará a los ganaderos a realizar importantes desembolsos de dinero en la adquisición de otros.

La medida ha sentado como un jarro de agua fría en un sector que, a duras penas, consigue recuperarse de la grave crisis sufrida durante el último trienio. De hecho, varias organizaciones de productores no dudan en señalar que la disposición será de muy difícil cumplimiento si no se habilita un período transitorio más amplio hasta su aplicación definitiva y, sobre todo, si no se ponen en marcha líneas de ayudas que faciliten a los profesionales la compra de maquinas nuevas.

Condiciones particulares

Desde la Consellería do Medio Rural, por su parte, se pide tranquilidad a los afectados, al tiempo que reconocen gestiones ante el Ministerio de Agricultura encaminadas a obtener una moratoria en la aplicación de esta medida y a que se reconozcan las condiciones particulares de Galicia a la hora de desarrollar la nueva legislación.

Su titular, Ángeles Vázquez, señaló, en el acto de clausura de la Semana Gandeira de Mazaricos, que el Gobierno central tiene que ser consciente de las especiales condiciones que se dan en la comunidad en lo referente a sistemas de explotación, granjas en extensivo, orografía, edafología o condiciones climáticas.

El objetivo que se persigue con este cambio sustancial en la forma de esparcir los purines sobre las tierras de cultivo pasa por reducir la contaminación de los suelos y por un mejor aprovechamiento de sus nutrientes de este abono natural, principalmente nitrógeno.

«Non sei porque temos que pagar nós o mal que fan outros»

Con mucha contundencia se expresa el productor lácteo de Mazaricos José Moledo: «Quen contamina son as granxas de porcos e, sen embargo, a norma tamén se nos cambia a nós sen comelo nin bébelo. Pretender que variemos algo que levamos facendo 40 anos é un despropósito total de xente que non coñece o que facemos. Non sei porque temos que pagar nós o mal que fan outros».

Este socio de una cooperativa se refiere al hecho, reconocido por el propio Ministerio de Agricultura, de que las granjas intensivas de porcino habrían sido las culpables de que España sobrepasase ampliamente el límite de emisiones de amoníaco al suelo establecido por Bruselas. Circunstancia que justifica en buena medida el cambio llevado a cabo en la normativa reguladora de los purines y estiércoles.

Este ganadero también cree que será difícil que las explotaciones se adapten de forma sencilla al nuevo sistema y critica los gastos que acarreará: «A maioría nin sabemos como se fai o de inxectar na terra porque non o vimos nunca. Ademais de ter que cambiar as cubas, moitos teremos que facelo tamén cos tractores, porque supoño que a potencia que se necesita é maior».

«Considero que vai ser difícil que a norma se acabe respectando»

Para esta productora láctea de la parroquia outiense de Valadares, la normativa es totalmente desproporcionada y duda de que se acabe cumpliendo: «Se houbese moita contaminación da terra ou se causase un prexuízo enorme aplicando o purín deste xeito aínda podería ter sentido a norma. Como non pasa ningunha das dúas cousas, non acabo de entender como se radicaliza tanto a cousa. A xente non é consciente de que estea actuando mal. Considero difícil que se acabe respectando».

En lo relativo a las inversiones necesarias para adaptarse al nuevo sistema de inyectado, dice que no se lo ha planteado por ahora: «Temos unha cisterna antiga de 8.000 litros, así que creo que vai custar mais adaptala que do que vale a cuba. Cando chegue o momento, se é que chega, xa miraremos o que facemos».

Además, critica los continuos cambios que se producen y los prejuicios que causan: «Cada ano cambian as normas e aumentan o nivel de esixencia. O peor é que se fai todo dende os despachos, sen ter en conta a realidade dos gandeiros. Unha granxa de Outes non é o igual que unha de Cataluña ou de Francia e, sen embargo, queren que todos cumpramos o mesmo».

Muchas explotaciones deberán comprar cubas nuevas

Bien por su antigüedad o por su escasa capacidad, en más de tres centenares de cubas de la comarca no será posible acoplar un sistema que permita el infiltrado del purín en la tierra. Esto obligará a muchas granjas a adquirir una nueva. Los precios oscilan entre los 25.000 euros de una de 14.000 litros a los más de 50.000 que puede alcanzar una con capacidad para 20 metros cúbicos.

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