La comarca tiene 86 parroquias y solo 46 curas para atenderlas, lo que motiva que cada vez sea más frecuente la cesión de tareas a los feligreses
07 dic 2014 . Actualizado a las 05:07 h.La Iglesia está inmersa actualmente en la celebración de un sínodo que, entre otras cuestiones, analiza y busca soluciones al problema que supone la falta de vocaciones sacerdotales. Desde el Arzobispado de Santiago señalan que, como mucho, anualmente puede haber un par de ordenaciones de nuevos curas, con lo que en modo alguno se garantiza el relevo generacional. El mapa eclesiástico de la comarca es un ejemplo de ello: los 46 pastores existentes deben encargarse de atender 86 parroquias. A simple vista puede parecer que el desequilibrio no es alarmante, pero hay que adentrarse en los detalles para comprobar que los sacerdotes están sobrepasados.
Dos curas, José Ortoño, en Noia, y Xosé Manuel Pensado, en Mazaricos, tienen asignadas cinco parroquias, mientras que Francisco Pena Calvar se ocupa de cuatro, repartidas entre Boiro y Rianxo. Hay otros ocho clérigos que administran tres y otros diecinueve llevan dos.
Elevada edad
A esto hay que añadir otras funciones, como la atención a personas en residencias de mayores, el hospital, escuelas o la base del EVA-10, cuyo capellán es Marcelino Barros. Tampoco debe perderse de vista la elevada edad de la mayoría de los que están en activo. Generalmente, son los que tienen más años los únicos que solo se encargan de una parroquia.
Sobre el preocupante descenso del número de clérigos habla Xosé Manuel Pensado: «Creo recordar que durante o último ano no Arcebispado de Santiago retiráronse vinte e só houbo dúas incorporacións. A modo de curiosidade podo dicir que a principios do século XX en Boiro había catorce curas». Pensado cita un estudio reciente en el que se concluye que en el 2025 apenas habrá 250 pastores para atender las 1.075 parroquias que componen la archidiócesis de Santiago
El cada vez menor número de curas motiva que los feligreses tengan un protagonismo mayor. De hecho, la Iglesia posee un conjunto de normas, bajo el epígrafe de Celebración dominical en ausencia de presbítero, que regulan la forma en la que los fieles pueden presidir una celebración religiosa.
Previamente, estos feligreses reciben unos cursos formativos. De hecho, el arcipreste y clérigo de Castiñeiras, Ricardo Villaverde Gondar, promueve actualmente en la zona unos seminarios de este tipo con el fin de que haya creyentes con capacidad para asumir tareas pastorales.
Pensado Figueiras ve con buenos ojos que los fieles colaboren de forma activa: «Paréceme ben que non habendo posibilidade de que a celebre un cura sexa unha persoa coa debida preparación a que diga a misa. É algo normal en África ou América e que está lexislado dende a década dos 80».
Se trata de una liturgia en la que se leen las escrituras. La principal diferencia radica en que los fieles no pueden confesar ni consagrar la hostia, aunque sí repartirla entre quienes deseen comulgar. «Normalmente tráense doutras parroquias ou o cura déixaas consagradas».