¡Mi Buenos Aires querido ...!

JUAN ORDÓÑEZ BUELA

BARBANZA

DESDE FUERA | O |

27 jun 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

VAMOS A ponerle música de tango tocada por un bandoneón en un arrabal de cualquier quilombo barriobajero. La historia argentina de los últimos años tiene el fatalismo propio de la tragedia griega. No hacía falta haber consultado con el oráculo de Delfos para darse cuenta de que el país se aproximaba lenta pero inexorablemente a estos momentos. Se podía presagiar la situación a través de las noticias de prensa, radio y televisión, y se percibían los problemas en el ánimo de la gente. En realidad, si hay algo que llama la atención es que el pueblo argentino haya aguantado tanto tiempo de furibunda depresión económica. Otros países de América Latina poseen una distribución del ingreso estructuralmente polarizada, y es la resignación de las clases desposeídas lo que acota las posibilidades de que se produzca el conflicto social. Argentina, en cambio, ha contado históricamente con una extensa clase media no acostumbrada a sufrir privaciones o que se tuviese que preguntar si tendrá qué comer o cómo pagar la renta. Ocurre como en la peor tragedia griega. Argentina ha aguantado varios años de una crisis económica demoledora. Peor, ahora la paciencia del pueblo ha llegado al límite y la clase media enarbola la bandera de la revolución social. Las autoridades se empeñan en mantener la paridad peso-dólar, un canto de sirena que en la calle se apaga sin remedio. Por eso le cantaremos aquello de ¡Mi Buenos Aires querido ...!.