Un nuevo mazazo

| MONCHO ARES |

BARBANZA

LA COMARCA barbanzana ya puede ir apostando por convertirse en la costa dorada del Atlántico, reconvertir sus empresas transformadoras de pescado en textiles o dedicándose a la cría del rodaballo y de cualquier otra especie pesquera que pueda producirse en cautividad. Lo que está claro es que a la Unión Europea o no le gusta el pescado o no quiere que España lo capture. Aunque ahora los dirigentes europeos parecen abiertos a variar esta idea de trabajar sólo trece días al mes, lo que está claro es que al sector le van a dar un mazazo. En Barbanza no hay quien levante cabeza y, mientras tanto, los japoneses siguen capturando a lo bestia para abastecer un mercado, el suyo, que es el primer consumidor mundial de pescado. Lo de Marruecos fue un duro golpe, lo del Prestige, una catástrofe que todavía colea y, por si fuese poco, llega la UE con las rebajas.