Los ramos y el sol tomaron las calles

M. J. M. RIBEIRA

BARBANZA

CARMELA QUEIJEIRO

Los ciudadanos del área barbanzana participaron activamente en los actos religiosos celebrados el domingo en las iglesias El sol se despertó de su largo letargo invernal para lucir alto y radiante el domingo. Los barbanzanos supieron aprovechar la oportunidad que les brindaba «Lorenzo» y adornaron calles e iglesias con ramos y palmas. Fue una jornada de disfrute y de paseo, pero también de culto religioso. Las iglesias se abarrotaron de personas con la intención de bendecir su olivo. Posteriormente, el ramo podía verse colgado en las puertas de las casas, de los coches y, cómo no, de los templos. El domingo fue también día de procesiones. En Pobra, los vecinos pasearon a la borriquita, en un desfile que fue multitudinario.

09 abr 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Fue el preludio, el pistoletazo de salida a los actos de Semana Santa. El Domingo de Ramos se vivió en Barbanza con la compañía más preciada: el sol. Los niños, pero también los mayores, levantaron con más brío que nunca los ramos. Aquel lejano día en que los ciudadanos de Jerusalén recibieron a Jesucristo blandiendo los olivos volvió a repetirse el domingo en los municipios barbanzanos. Todos querían bendecirlo y, revivir, de esta forma, este famoso pasaje que recuerda la Biblia. Pocos ciudadanos de la zona fueron ajenos a esta práctica, tan legendaria como antigua. En la sociedad de Internet, de la Nintendo y de las nuevas tecnologías, los barbanzanos no quisieron dejar de lado una costumbre religiosa muy arraigada en estas latitudes. La bendición de los ramos y de las palmas dio paso, en algunas localidades, a las procesiones. Es el caso de la borriquita, de Pobra. Cientos de pobrenses quisieron acompañar al animal, que capitalizó la atención de niños y mayores. Desde el Castelo, y al ritmo que marcaba el animal, la tumultuosa comitiva desfiló por la villa pobrense. En Ribeira, los vecinos no acompañaron a un burro, pero sí quisieron honrar a Jesucristo con una procesión. Los ribeirenses se congregaron en la capilla de Los Remedios, donde sus olivos recibieron la bendición del sacerdote. Desde allí, con paso lento, pero firme, partieron los fieles hacia la capilla de Santa Clara, donde la contenida algarabía dio paso al silencio para la celebración de una eucaristía. El buen tiempo también contribuyó en la villa de Noia a que numerosos vecinos asistiesen a los oficios litúrgicos del domingo. La praza da Constitución y San Francisco sirvieron de escenario para la bendición de los ramos de olivos y palmas que llevaban niños, hombres y mujeres. Pero, sin duda, el mayor volumen de feligreses se dio cita en la procesión de la tarde. Partió del convento de los franciscanos en dirección a San Martiño, donde los devotos escucharon el sermón antes de regresar al punto de partida.