El barómetro del Cap Arcona

Un evento de profesionales del turismo propone vender las Rías Baixas a los alemanes


redacción / la voz

Hace unos días, se celebró en Pontevedra una reunión de agentes de viaje y dinamizadores turísticos para, entre otros objetivos, buscar la manera de que los alemanes se fijen en las Rías Baixas y las conviertan en destino sus viajes. Me hizo gracia leer esa información porque los alemanes hace ya casi un siglo que se fijaron en las Rías Baixas, casi al mismo tiempo que se fijaban en Canarias, Mallorca o Madeira.

Un caso ejemplar de descubrimiento alemán es Fisterra. Recuerdo haber ido por allí a mediados de los 90 a escribir un reportaje y encontrarme con un equipo de la televisión pública alemana ZDF grabando un documental. Uno de los hoteleros con los que hablé me confesó que Fisterra, en invierno, vivía del turismo alemán.

Mi madre es de un pueblo de la provincia de Cáceres llamado Ceclavín, a un paso de la frontera portuguesa. En su término municipal hay un paraje tan bello como desconocido: la unión de los ríos Tajo y Alagón. En ese lugar, nunca he visto a un turista español, sin embargo, siempre que voy por allí, hay un par de furgones alemanes con viajeros de aquel país que fotografían, observan y se emocionan. Los alemanes descubrieron Mallorca y Canarias cuando a ningún peninsular se le ocurría ir por allí a pasar el verano y disfrutar del clima, la belleza y el paisaje. Y descubrieron Fisterra, cuando nadie acababa allí el Camino de Santiago quemando sus ropas de peregrino y provocando incendios chuscos.

Pero lo de las Rías Baixas es otra cosa. Nosotros, la verdad, ya estamos bastante descubiertos. En Alemania conocen nuestras gracias y admiran la capacidad de nuestro paisaje, gastronomía y costumbres para emocionar. Otra cosa es que consigamos atraerlos en invierno, lo cual estaría muy bien. Pero la relación de los alemanes con Vilagarcía de Arousa va más allá del turismo para entrar en el universo mágico de la historia y las vidas de novela.

Todo comenzó el año de 1914. Unos días antes de estallar la I Guerra Mundial, llegó al puerto de Vilagarcía el trasatlántico alemán Cap Arcona. Al estallar la contienda, el trasatlántico aún no había partido de Vilagarcía y cuando iba a salir, llegaron noticias de que varios barcos de guerra ingleses lo esperaban fuera de la ría. Lógicamente, poca batalla podía presentar un trasatlántico a varios acorazados, así que el Cap Arcona se declaró neutral y se quedó en Vilagarcía. Curiosamente, dos de sus tripulantes enfermaron, murieron y están enterrados en el cementerio alemán de Yuste (Cáceres).

La consignataria de García Reboredo puso dinero para mantener el barco durante la guerra, lo que posteriormente sería agradecido por el gobierno alemán. De hecho, en las oficinas de esta consignataria se conservó el barómetro del Cap Arcona. Años después, exactamente en 1926, la armada alemana empezaría a visitar la ría en el transcurso de sus maniobras.

Durante el tiempo que el trasatlántico Cap Arcona permaneció anclado en Vilagarcía, sus marineros bajaban a tierra y hacían vida social en la ciudad. Algunos de ellos se casaron con vilagarcianas y así aparecieron en el padrón de Vilagarcía apellidos que hoy nos parecen de toda la vida, pero que son alemanes de pura cepa. Los Rietz, los Meyer, los Sopkowski o los Gründel son recuerdos de la tripulación de aquel trasatlántico.

Uno de aquellos marineros era el ingeniero Wili Meyer, natural de la ciudad prusiana de Lubeck, que se casó en Vilagarcía con la hija de Lucinda García. Su hijo Enrique llegaría a ser inspector nacional de la vivienda y bautizó con los nombres de plaza de Lobeira o calle de Vilagarcía muchas arterias urbanas de ciudades españolas. El nieto del ingeniero prusiano, que se llamaba como él, Wili Meyer, sería candidato a la alcaldía de Vilagarcía por el PCE y luego líder de esta formación en Andalucía y eurodiputado por IU.

Otro alemán del Cap Arcona fue Roberto Rietz, que bajó del barco y se casó con Francisca Vázquez, empleándose como conserje y camarero en el Club de Regatas, donde se jubiló. Tuvieron dos hijas y un hijo, Roberto, que luchó en Polonia durante la II Guerra Mundial, fue hecho prisionero por los rusos y acabó escapando del campo de concentración. Volvió a Vilagarcía recorriendo media Europa. Acabó de director de una factoría ballenera en Cee, donde nace su hijo Roberto Rietz III, que en 1995 será nombrado capitán marítimo de Vilagarcía. Roberto, que en paz descanse, era una de las personas más entrañables, cariñosas y profesionales que he conocido en Vilagarcía.

Como ven, los alemanes nos descubrieron hace tiempo. Pero no son solo los marinos que bajaron a tierra en 1914 ni los que nos visitaron en años posteriores. Están también personajes más actuales como Bernhard Kölmel, que se vino desde Pforzheim (Puerta de la Selva Negra) hasta A Lanzada, se enamoró del lugar y abrió aquí, en 1992, una fábrica de salchichas alemanas auténticas de Francfort, Múnich, Rindswurst y Bratwurst, que surtía a cervecerías y supermercados de media Galicia.

En resumen: antes de que Man santificara la Costa da Morte y la ZDF hiciera popular Fisterra, los alemanes ya se habían enamorado de la Ría de Arousa y en la Ría de Arousa. Ahora solo falta que vengan a hacer turismo.

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