Vilaxoán en el entierro de Franco

A la familia del dictador le gustaban las antigüedades de El Hogar de Vilagarcía


redacción / la voz

Vilaxoán canta... Vilaxoán canta muy bien y canta en momentos importantes. La música de Vilaxoán o entonada por las gentes de Vilaxoán se ha escuchado hasta en entierros muy sonados. Uno de ellos tuvo lugar en 1919, cuando uno de los jefes de la Escuadra Inglesa falleció mientras los barcos de la Royal Navy fondeaban en Vilagarcía. Fue enterrado en el British Cemetery y, mientras el cortejo fúnebre recorría las calles repletas de curiosos de Vilagarcía, presidido por el almirante británico, el gobernador de Pontevedra, el alcalde de la ciudad y el comandante de Marina, la banda de música del buque insignia de la escuadra inglesa tocó la marcha fúnebre de Chopin.

Como esa misma marcha ponía música a las coplas que se cantaban en Vilaxoán durante el entierro de la sardina, las plañideras del Carnaval no se contuvieron y empezaron a cantar a coro conmoviendo al almirante inglés, que manifestó su admiración al alcalde: «Le felicito sinceramente por gobernar esta pequeña Atenas donde hasta las pescaderas saben cantar la música de Chopin».

Lo que no sabía el almirante y tampoco le dijo el traductor de sus palabras, Mr. Kammeron, cónsul de Su Majestad en Vilagarcía, era la letra de la Marcha Fúnebre en versión Vilaxoán, que decía así: «Momo murió, suerte fatal, fue a morirse en Carnaval, de comer lacón con grelos, de sabor superior, de su paso por el mundo, porcalladas nos dejó».

Medio siglo después de aquel entierro solemne con música y letra de Vilaxoán, en 1975, otro cortejo fúnebre recorrió no las calles de Vilagarcía, sino las de Madrid. Era el entierro del Caudillo Francisco Franco y de nuevo la música de Vilaxoán sonaba para solemnizar el momento. En este caso, esa música la escuchaba toda España a través de Televisión Española. Era una composición fúnebre creada por Martín Millán Torrado, un vilaxoanés ilustre, a la sazón montador musical de TVE, a quien encargaron que pusiera música al entierro de Franco y pinchó una evocación clásica de Brahms y Haydn compuesta por él. Martín Millán compuso también la sintonía de Informe Semanal y trabajó con Adolfo Suárez cuando el futuro Presidente del Gobierno solo era asesor de TVE y jefe de producción. Pero su cometido más delicado fue ponerle música al entierro de Franco.

¿Sonará música de Vilaxoán cuando trasladen los restos del dictador desde el Valle de los Caídos a donde sea? ¿Trasladarán algún día esos restos porque el Gobierno cree que así se marcan mejor las diferencias con la derecha o preferirá Pedro Sánchez dejar las cosas como están para no dar alas a VOX? Todo dependerá de lo que decida el gran asesor Iván Redondo, pero lo cierto es que, entre el voto creciente a la ultraderecha y lo del Valle de los Caídos, Franco ha vuelto a colocarse en el centro del debate político.

Hay una foto de Ferrazo del año 1971, en la que se ve a Carmen Polo, esposa de Franco, bajando de su coche en la rúa Castelao y saludando al dueño de El Hogar, Joaquín Porto, cuya tienda visitaba la primera dama de la dictadura cuando venía a Galicia. Don Joaquín había abierto El Hogar en 1942 y en ese momento era una de las tres tiendas de antigüedades que había en Galicia. El establecimiento sigue abierto y es un verdadero museo lleno de preciosidades. En él entraba Carmen Polo en sus viajes veraniegos a Galicia, pero también cientos de vilagarcianos, aunque no compráramos antigüedades, porque, desde 1972, El Hogar era el distribuidor de las bombonas de butano entre Padrón y Lalín y en las dos orillas de la ría, llegando a tener 24.600 contratos.

Don Joaquín me contaba hace años que su tienda de antigüedades sobrevivía holgadamente en una ciudad pequeña porque «las casas de Vilagarcía están muy bien puestas, casi nadie lo sabe porque no hay ostentación, pero en muchas casas hay muy buenas porcelanas y tenemos clientes de toda Galicia que cuando quieren hacer un buen regalo, vienen a El Hogar».

A El Hogar acudía la esposa de Franco y la tradición decía que dejaba unos pufos importantes. Don Joaquín me lo desmintió categóricamente: «Esa señora nunca me dejó a deber ni una perra chica, siempre pagaba, igual que sus acompañantes». El padre de Joaquín Porto había sido secretario de Míster Trulock, abuelo materno de Camilo José Cela, y guardaba cuanta antigüedad caía en sus manos. De ahí le vino la afición a don Joaquín, que el día de San José de 1942 abrió su tienda de anticuario y se especializó en porcelana inglesa del XIX: jarras y teteras de Bristol, perros y figuras de Stafford, fuentes y juegos de lavabo ingleses. Joaquín Porto tenía en Inglaterra a dos agentes de Vilagarcía trabajando exclusivamente para él, acudiendo a cuanta subasta se celebraba en Londres y en Escocia.

En algún pazo o casa regalada a los Franco, quizás junto a las estatuas del Pórtico de la Gloria, también regaladas al Caudillo, brillarán estas joyas de cerámica inglesa antigua, que Carmen Polo y luego su hija, Carmencita,

compraron en Vilagarcía. Ahora solo falta ambientar con música de Vilaxoán el traslado desde El Valle. Y cerramos el ciclo: «Momo murió, suerte fatal...»

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