El colegio de O Grove que quiere parar los coches

Rosa Estévez
rosa estévez O GROVE / LA VOZ

O GROVE

ceip valle inclán

El Valle Inclán ha puesto en marcha un proyecto para incentivar a las familias a hacer el recorrido hasta la escuela a pie, en bici o en patines

06 may 2021 . Actualizado a las 21:24 h.

La lluvia le viene bien a los coches: basta que caigan cuatro gotas para que los automóviles se pongan en marcha y cubran hasta los trayectos más cortos. Así que ayer, cuando sonó el timbre del colegio Valle Inclán, en O Grove, la explanada situada frente al centro escolar debería estar, como siempre que llueve, convertida en un revoltijo de vehículos. Pero lo cierto es que, pese a la lluvia fina que caía a la hora de la entrada, no había lío de tráfico en la puerta del colegio. Y es que, pese a estar lloviendo, 138 alumnos del centro decidieron ir al colegio utilizando medios alternativos: caminando, en bicicleta, en patinete... Cualquier fórmula vale, con tal de mover el esqueleto y mantener el cuerpo en forma.

Que entre el 60 y el 70 % de las familias del alumnado lleven desde el lunes apostando por reducir el uso del coche no es casualidad. El colegio tiene mucho que ver en ello. Desde hace años, la comunidad educativa desarrolla proyectos de centro encaminados a luchar contra el sedentarismo y a inculcar a la rapazada hábitos de vida saludable. Este año, además de otras actividades, han decidido poner en marcha una campaña de movilidad sostenible. «Aproveitando que temos un problema cos coches, porque hai pouco sitio diante da escola, lanzamos esta proposta. E a verdade é que a xente está participando moito», explica el director del colegio, Ramón López.

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Motivar al alumnado no fue difícil: se eligió una mascota -una centolla patinadora- y se creó una especie de carné por puntos que funciona al revés que el de los adultos: cada día que se llegue al cole sin haber usado vehículo de motor, se recibe una pegatina. El reto es reunir veinte antes de que acabe el curso. Y parece que van a ser muchos los que superen esa cantidad: el aparcamiento habilitado para los vehículos de los menores se llena a diario de bicis, patines e incluso motos impulsadas con los pies.

El proyecto ha sido muy bien acogido por la rapazada, pero no podría ser un éxito si las familias no se hubiesen implicado. En un colegio con 229 matriculas, en el que aproximadamente el 50 % del alumnado usa el bus escolar y que está a una respetable distancia del centro urbano -aproximadamente dos kilómetros y medio-, las posibilidades de que el plan chocase con el ritmo frenético de las familias era muy altas. Pero no ha sido así. Hasta quienes viven más lejos han buscado alternativas para poder participar en la iniciativa. «Hai familias que viven máis lonxe, e que traen aos nenos en coche, pero en vez de chegar á porta do cole, aparcan a cincocentos metros, ou a un quilómetro, e fan esa parte do percorrido a pé», explica Ramón López. Y es que la propuesta del cole ha sido, en muchos casos, un aldabonazo y una oportunidad: una llamada de atención sobre el sedentarismo y el riesgo de acostumbrase a viajar en coche a todos lados, y una propuesta para hacer un poco de ejercicio diario y adoptar un hábito saludable.

A fin de cuentas, ese es el objetivo a largo plazo: conseguir inculcar al estudiantado de hoy una serie de premisas que les permitan vivir de una manera más sana y más respetuosa con el entorno. Muchas familias saludan el proyecto, aunque en O Grove, reconoce el director del centro, el deporte está muy enraizado en la sociedad, y es raro que la rapazada no practique al menos una disciplina. «Pero sempre hai alguén que queda á marxe», dice el director.