Cualquier peregrino acreditado puede hacer uso ya de una de sus treinta plazas de pernocta por diez euros
02 jul 2025 . Actualizado a las 18:02 h.Tras el encontronazo que hace un par de años protagonizaron la Xunta y el Concello de Vilagarcía a cuenta del albergue de O Carril, las antiguas diferencias parecen haber mutado en líneas de entendimiento. Al menos en lo esencial, que era ver las instalaciones en funcionamiento de una buena vez. Este momento inaugural tuvo lugar ayer, hacia la una de la tarde, cuando las dos albergueras que prestan sus servicios en el centro abrieron sus puertas. Desde entonces, cualquier peregrino que camine o navegue a Compostela y acredite su condición —es necesario estar en disposición de la preceptiva credencial, la misma que se va sellando de etapa en etapa— puede pernoctar aquí al módico precio de diez euros.
Como el director de Turismo de Galicia, Xosé Manuel Merelles, se encargó de recordar, este es el albergue número 78 de cuantos configuran la red pública. La única que garantiza la peregrinación de forma perenne, al permanecer abierta los doce meses del año. El centro de acogida de O Carril posee la virtualidad de ser el único de carácter marítimo en el amplio sistema xacobeo que despliega Galicia. «É unha satisfacción contar con este novo servizo nesta ruta marítima que tamén empeza a ser frecuentada por peregrinos a pe», subrayó Merelles, quien, como el alcalde de la ciudad, el socialista Alberto Varela, enfatizó la colaboración institucional que ha hecho posible su creación.
La secuencia partió del propio Concello, que puso el edificio inacabado de la antigua casa de cultura carrilexa en manos del arquitecto Iago Fernández. Con el apoyo de la Diputación de Pontevedra en su anterior etapa, una inversión de seiscientos mil euros convirtió aquella construcción fallida en un albergue con un carácter muy marcado, en el que el hormigón dialoga con la madera para ofrecer un resultado más que notable. Las instalaciones están ya completamente equipadas, con una treintena de plazas, cocina, duchas, baños, un vestíbulo amplio en el que aparcar las bicicletas y una zona de esparcimiento en la que sobresalen dos terrazas que se abren al mar y al archipiélago de Cortegada. Rematada la remodelación, el edificio fue cedido a la Xunta, que lo amuebló y acondicionó para su uso a través de la sociedad de gestión del Plan Xacobeo. «Poucos albergues —subrayó Varela— van estar nun entorno tan espectacular, con estas vistas privilexiadas. Un luxo».
Esta primera posada xacobea de vocación náutica lleva el nombre de Andrés Fernández García, el benefactor que, en los tiempos en los que O Carril gestionaba aún las cosas públicas a través de su propio Ayuntamiento, instituyó a través de su herencia el primer consistorio médico y la primera escuela de la villa. Lo hizo a mediados del siglo XIX y legó para ello 55.000 reales. La decisión de dedicar el albergue a su memoria fue adoptada de forma unánime por el pleno de Vilagarcía, a petición de la asociación de vecinos de O Carril. Un detalle. Sus restos reposan en el interior de un arca ubicada en la huerta posterior de las flamantes instalaciones xacobeas.
La adjudicación de la estación náutica es cosa de diez días
La idea es que el albergue de O Carril funcione íntimamente ligado al centro de recepción de peregrinos náuticos que la Xunta construirá en el muelle de Pasajeros. La empresa que había asumido las obras renunció en febrero y desde entonces la Administración autonómica ha trabajado en una nueva adjudicación, que según Merelles debería estar resuelta en unos diez días. La reforma del antiguo Club de Mar cuenta con 791.000 euros de inversión.