Playas parceladas y piscinas cerradas

La España seca se asa de calor y duda si permitir o no los chapuzones


Vilagarcía / la voz

Bañarse o no bañarse, esa es la cuestión. Este verano tórrido y duro, el agua de las piscinas y de las playas y su uso público se ha convertido en un tema de conflicto muy grave que está poniendo a prueba nuestro miedo, nuestro egoísmo, nuestra solidaridad, nuestro atavismo... Ese punto de desconfianza ante el forastero que todos llevamos dentro, y que solo se elimina con educación y razón, nos está jugando malas pasadas hasta hacernos creer que lo público es solo nuestro, de los del pueblo, y en ese patrimonio local exclusivo destacan este verano las piscinas, las gargantas de los ríos y las playas.

En la España seca, que coincide en gran parte con lo que ha dado en llamarse España vacía, y en la periferia marítima surgen cada día casos de usurpación de lo que es de todos por los que son del pueblo, de ese pueblo en concreto. Razonamos que si mantenemos limpias las playas con los medios del municipio que pago yo y si cloramos la piscina municipal con el presupuesto de mi Ayuntamiento, no voy a permitir que venga nadie de fuera a disfrutar de lo que es mío con el peligro de que me contagie.

El concepto de lo público

No entendemos que lo público no se refiere solo a los del pueblo, sino a todos. Carlos Ruiz Miguel, catedrático de Derecho Constitucional de la USC calificaba en La Voz de disparate prohibir el acceso a las playas a personas de otros concellos. «El artículo 19 de la Constitución reconoce el derecho de todos los españoles a circular libremente, que un Ayuntamiento diga que los que no están empadronados no pueden ir a ningún lugar de dominio público es aberrante», apuntaba para dejar claro que las playas son de dominio público, del Estado, no del Concello.

En los pueblos del interior, los alcaldes tienen un dilema este año: abrir o no las piscinas. A esta duda muy seria se une otra: ¿dejamos entrar en la piscina solamente a los que son del pueblo o dejamos que accedan también los forasteros? En algunos municipios, han decidido que solo puedan bañarse en las piscinas los empadronados y los que tienen familia en el pueblo. En otros, abren para todos. Hay algunos más sofisticados, pero igual de discriminadores, en los que se reserva sitio mediante una aplicación a la que solo pueden acceder los residentes en el municipio.

33 grados al amanecer

Zorita es un pueblo cacereño donde algunas noches el termómetro marca la temperatura más alta de las mínimas en España. No baja de 33 grados ni a las ocho de la mañana y eso quiere decir que si abres las ventanas de tu casa es como si abrieras la puerta de un horno. La provincia de Cáceres, en general, ostenta el duro récord de tener las noches más calurosas del país. Durante el día, puedes soportar los 40 grados, pero si no puedes dormir, entonces acecha la desesperación y te conviertes en un zombi. En esa tesitura, las piscinas municipales son la salvación. ¿Pero qué pasa si los alcaldes han decidido no abrir la piscina este año por culpa del covid-19?

El alcalde de Zorita así lo había decidido para prevenir contagios, pero cuando la realidad del verano ha golpeado como era previsible, se ha dado cuenta de que entre el peligro de la pandemia y el peligro de volverse locos, hay que encontrar un equilibrio y el 15 de julio abrirán las piscinas.

En Torrecillas de la Tiesa, otro pueblo cacereño de 40 grados a las cuatro de la mañana y 30 a las cuatro de la madrugada, lo tuvieron claro desde el principio: apertura... Pero con detector de forasteros. Una familia de emigrantes en Bermeo, naturales de un pueblo vecino (Aldeacentenera), donde las piscinas no han abierto, se han encontrado con una barrera: si no son de Torrecillas, no pueden bañarse allí. Así que calor, botijo, las persianas bajadas, las ventanas cerradas y sin salir de casa entre el mediodía y la puesta de sol.

La mayor parte de las gargantas fluviales de los valles montañosos, verdadero pulmón natural de la España interior, están cerradas al baño este verano y la situación es tan peliaguda que los adolescentes, ajenos al peligro y ansiosos de chapuzones, se bañan en lugares peligrosos y prohibidos como los canales de riego de las tierras de regadío del Plan Badajoz. Pero la desgracia sacudió donde más duele nada más empezar el verano: dos adolescentes se ahogaron en uno de estos canales cerca de la localidad pacense de Don Benito.

Nada que ver con Galicia

Este es el panorama veraniego que nos ha dejado el coronavirus. Nada que ver con las playas gallegas abiertas y acogedoras, aunque estén parceladas, aunque tengan un aforo limitado, se instalen semáforos para bañistas o haya abusos como los de las playas de Cangas.

Claro está que el mes más temido, agosto, todavía no se ha presentado. A esos pueblos extremeños de noches tórridas y piscinas imprescindibles llegarán ochocientos mil turistas paisanos, que es como se conoce a los emigrados en Cataluña, Madrid o Euskadi que veranean en los pueblos de sus abuelos. En Arousa, será el mes de las fiestas y de los turistas tradicionales. Pero tanto en el interior como en la costa, el verano estará marcado por la nueva realidad del agua reglamentada.

En muchas piscinas de la España interior, solo entras si eres del pueblo o tienes familia allí

Si abres la ventana por la noche y es como abrir un horno, de día parecerás un zombi

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