Cuatro ajustes de cuentas sin solución

El incendio de la nave de David Pérez Lago fue intencionado, otra cosa es que alguna vez se llegue a saber quién lo hizo. No es el primer callejón sin salida que se cierra en la ría de Arousa


VILAGARCÍa / LA VOZ

Una nave en llamas en A Armenteira. Planeadoras en su interior. El hijastro de Laureano Oubiña, David Pérez Lago, de por medio. Mal asunto. Esta semana, el almacén, precintado desde que, hace trece años, Pérez Lago caía en la Costa da Morte tras un estrepitoso naufragio vinculado con un alijo de dos toneladas de cocaína, fue pasto del fuego. El equipo de la Guardia Civil especializado en incendios de estructuras tiene claro que el siniestro fue intencionado. Que la mecha la prendieron un par de individuos en una de las embarcaciones, de poliéster y catorce metros de eslora, y en un sofá. Que emplearon un producto inflamable... Y poco más. Aunque la investigación continúa, quienes están en ello reconocen que será muy difícil dar con sus autores.

No es la primera vez que ocurre algo parecido en la ría de Arousa. En los últimos cinco años, al menos otros tres casos de ajustes de cuentas más que probables han conducido a otros tantos callejones sin salida. Este particular contador se inicia el 21 de diciembre del 2013, con uno de los episodios más truculentos que se recuerdan en A Pobra. Un cadáver apareció varado en una playa del entorno de Cabío. El cuerpo se encontraba en un avanzado estado de descomposición y presentaba un disparo en la cabeza y otro en el omóplato. Las pruebas de ADN permitieron identificar a la víctima, que alguien envolvió en una lona antes de arrojarla al agua.

Se trataba de un empresario catalán del sector del vino. Apellidado Torres, se le relacionaba con una organización dedicada al tráfico de cocaína. De hecho, la investigación permitió comprobar que el hombre había viajado a Galicia en avión, y comido en un restaurante de Meis con un grupo de personas que, por lo visto, profesaban el mismo negocio. Lo que ocurrió entre el banquete y el ajusticiamiento difícilmente llegará a saberse, más allá del cálculo de que el cadáver, que permaneció dos meses a remojo, fue echado al mar desde el litoral sur de la ría.

Tampoco hay pruebas concluyentes que permitan dilucidar qué hubo tras la paliza que en abril del año pasado recibieron Manuel Charlín y su hijo Melchor en la vivienda que ambos comparten en Vilanova. Una primera hipótesis buceó en el hecho de que el vástago del patriarca fuese visto, semanas antes, en varios puertos de las Rías Baixas. La Guardia Civil investigaba la posibilidad de que una embarcación hubiese zarpado de Colombia o Venezuela con la intención de trasvasar su cargamento a un pesquero gallego. La idea, claro, era que Melchor se hubiese comprometido a buscar barco y tripulación para salir al encuentro del buque procedente de Sudamérica. Y que, al no conseguirlo, alguien hubiese optado por cursarle el correspondiente aviso.

Se desconoce si el asalto al chalé de los Charlines ha sido archivado judicialmente, pero desde el punto de vista policial la investigación no ha avanzado. Se formuló, eso sí, una segunda teoría. Melchor y su padre fueron detenidos en agosto, en el contexto de la operación Barranca Bermeja, que interceptó el remolcador Titán Tercero cuando navegaba hacia la costa gallega con 1,7 toneladas de cocaína en sus tripas. Los Charlines, que fueron puestos en libertad, salían a relucir en las conversaciones captadas por la policía. Estas situaban a Melchor en Portugal, tratando de valerse de sus viejos contactos para organizar algo importante. Al final, el clan vilanovés fue puenteado por uno de sus colaboradores. Y alguno de quienes se quedaron fuera de la partida pudo digerirlo muy mal, hasta el punto de tomarse la justicia por su mano y por su puño. Pero, ¿quién podría probarlo?

El cadáver estaba descompuesto, presentaba dos disparos y había sido envuelto en una lona. Era un empresario catalán, sospechoso de mover fariña, que fue visto por última vez comiendo en Meis, dos meses antes, en salvaje compañía, por así decirlo. No hay pruebas concluyentes sobre su autoría.

Hace unos años, no demasiados, nadie se hubiese atrevido a golpear a Manuel Charlín y a su hijo Melchor en su propia casa. La Guardia Civil manejó dos hipótesis, ambas relacionadas con alguien que quisiese pasarles factura a los Charlines por una operación frustrada. La investigación no avanza.

Un incendio arrasaba a plena luz del día la planta baja del chalé de un conocido empresario de hostelería, que gestionó varios locales en Vilagarcía. Quedó claro que el fuego había sido intencionado y que el resto de la vivienda estaba revuelta, tal vez producto de un intento de robo. Poco más se pudo saber.

Los investigadores de la Guardia Civil concluyen que el fuego que esta semana destruyó una nave en A Armenteira fue intencionado y que al menos dos individuos encendieron la mecha. Las instalaciones eran utilizadas como almacén de planeadoras por Pérez Lago. Será difícil averiguar quién lo hizo.

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