El guardián del templo de los Reyes Magos

El colectivo vela por la preservación de la única capilla dedicada a sus Majestades de Oriente en España


bueu / la voz

La noche de Reyes sus Majestades de Oriente deberían traerle regalos y más regalos a José Manuel Dopazo García (Bueu, 1964) y al resto de la Asociación Cultural Santos Reis, un colectivo que vela por la única capilla dedicada a Gaspar, Melchor y Baltasar que hay en España. Es más, hasta donde saben, el único otro templo europeo dedicado a los Sabios de Oriente es la catedral de Colonia, en Alemania, donde la tradición católico romana dice que están enterrados.

La relación de Dopazo con esta capilla viene de lejos. «Para min significa moito, tanto pola historia que ten como porque eu xogaba de pequeno nas súas inmediacións cos meus amigos», relata. Es uno de los símbolos de su barrio, O Balado, y por extensión, de todo Bueu. «Doeríame moito que esa capela desaparecese, sería como se o fixese a catedral de Santiago, na súa escala, claro. É unha das poucas do mundo que ten esta advocación», apunta.

Pues poco faltó para que ese temor fuese realidad. La capilla, de hecho estuvo a punto de ser solo memoria en libros de historia local en dos ocasiones, a lo largo de sus cuatro siglos de existencia. Hay que remontarse al año 1686 para encontrar la fundación de la capilla original. La hizo levantar Fernando de la Rúa y Freire, señor del pazo de Santa Cruz, que también dotó a este templo con dos misas anuales, una el 6 de enero y la otra por la Ascensión. En esta propiedad, la llenó de esculturas. «Tivo ata trinta figuras pétreas», indice Dopazo.

Con el paso del tiempo, sin embargo, la ermita cayó en desuso y a mediados del siglo XIX era ya solo un montón de ruinas y después solo un recuerdo. Algunas de sus piezas más artísticas acabaron en propiedades privadas y otras desaparecieron. Dopazo señala que algunas de estas esculturas se pueden encontrar a la vista de todos en el portalón de acceso al pazo de Santa Cruz, o en el púlpito de músicos junto a la capilla del recinto nobiliario.

Reconstrucción por Lugrís

Hubo que esperar a mediados de la década de 1940 para que Os Santos Reis recuperase su esplendor. El alcalde de Bueu del momento, José María Massó, apostó por su recuperación. Tarea difícil. No había planos originales, las figuras estaban dispersas y el templo en ruinas. La solución vino de la mano de un encargo muy particular. Massó encomendó la resurrección del Os Santos Reis al ilustre artista Urbano Lugrís. Este se ocupó de un diseño nuevo, y reutilizando algunas de las piezas antiguas, desplegó todo un derroche de imaginación en piedra y cantería con múltiples figuras con marcado contenido marinero. En 1953 Bueu inauguró una capilla moderna, que poco tenía que ver con la antigua, pero que goza de una estética de indudable atractivo.

Hacia la década de 1970, el abandono volvió a hacer mella en la construcción. «Por olvido da Igrexa, do Concello, porque é municipal, e dos veciños, caeu en desuso e derrubouse o teito, e tamén o retablo de madeira que tiña catro cadros de Lugrís que se perderon», lamenta Dopazo. Fue bastantes años después cuando un grupo de vecinos de Bueu, entusiastas defensores de sus tradiciones y herencia cultural, decidieron luchar por evitar la ruina total del templo.

Primero lograron que se reparase el tejado, y después, con aportaciones vecinales y el apoyo del Concello, se fue recuperando el entorno y el propio edificio hasta la actualidad. Se repusieron también dos hornacinas siguiendo el diseño de Lugrís para José y la Virgen María. El rey Baltasar de 1686 hace décadas que desapareció de su ubicación en las pilastras laterales, por lo que la asociación optó por cubrir su hueco, aunque en vez de un Rey Mago, se puso el cuarto evangelista que completa el juego de los otros tres. Así se fue recomponiendo todo.

Este año la fiesta de mañana tendrá sabor agridulce por el reciente fallecimiento de uno de los integrantes de esta asociación -Eligio Iglesias Castro-. «Foi unha perda moi grande», explica Dopazo, que homenajea al fallecido como una persona «de gran valor, colaborador a non poder máis, moi voluntarioso e que tiña a súa propia historia, unhas vivenzas que valía a pena escoitar».

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