«As abellas son como o amor, pican pero gustan»

AGRICULTURA

Ramiro, en Salcedo, donde lleva cuarenta años vendiendo miel y otros productos apícolas.
Ramiro, en Salcedo, donde lleva cuarenta años vendiendo miel y otros productos apícolas. ramón leiro < / span>

Martínez, libro abierto sobre apicultura, cuenta cómo los insectos detectan el buen tiempo o una tormenta

01 mar 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

Con Ramiro Martínez, natural de San Xurxo de Sacos pero residente en Salcedo, hay que hablar con tino. La retranca en él viene de serie. Así que cuesta un poco componer su historia, porque él va trufando sus recuerdos con citas que le sacan a una la sonrisa y palabras con doble o triple sentido. Este hombre tiene una pasión: la apicultura. «Si, estou namorado dela», dice con la ironía que le caracteriza. Luego, se serena y afirma: «Levo máis de corenta anos sendo apicultor. A verdade é que me encanta este mundo. É un gusaniño que se che mete e non sae. Pásoo moi ben».

Ramiro, que peina los 68 años y está disfrutando de la jubilación, tiene frescos en la memoria sus inicios en el mundo de la apicultura. «Tiña oito anos e meu avó díxome que me encargara dunhas colmeas. Aí vendín o meu primeiro mel e gañei dous reais, que para entón non estaba nada mal», recuerda. Con una toma de contacto tan precoz con la producción de la miel podría pensarse que encaminó su profesión hacia la apicultura. Pero los tiempos que le tocó vivir no tenían la dulzura de la miel, y se buscó el pan por otros derroteros. Se hizo técnico de calderas de vapor y se empleó en una empresa metalúrgica de Bora. Con los años cambió de oficio, trabajó en el Imserso y acabó siendo funcionario destinado en Vigo. Así, hasta llegar a la jubilación.

Paralelamente, vivió otra vida: la de apicultor. Tiene más de 400 colmenas -insiste en que el número exacto no se debe decir- y habla como un libro abierto de la miel, la cera, el polen o los propóleos y sus propiedades. Explica el potencial que tiene la miel de eucalipto como cosmético, ya que «rexuvenece a pel envellecida»; habla de que la de brezo va muy bien para la circulación y el corazón y que comer la de silva «fai que ao corpo lle chegue máis ferro que tomando un prato de lentellas». Pero cuando uno se da cuenta de que lo de la apicultura es más que una afición que le permitió tener ingresos extras, ya que montó un negocio para vender su producción -ahora es su mujer la que lo lleva-, es cuando habla de las abejas como si fuesen sus criaturas; cuando explica lo inteligentes que son, lo que les gusta o no.

Ramiro dice que las abejas son una especie de Pemán en miniatura. «Ti estás na leira e non notas nada, pero nada de nada. E de repente ves que as abellas se poñen moi tolas, que van rápido ás colmeas. Ao cabo dun rato cae unha tromba de auga ou unha tormenta. E ti sen darte conta de nada. Son moi intelixentes». Señala que también detectan el buen tiempo con semanas o incluso un mes de antelación, y que en ese período se van preparando para que, en cuanto luzca el sol, puedan salir por el néctar.

También habla de lo que les gusta o no. «Hai algúns perfumes que as volven tolas no peor sentido. Non o aturan. Eu teño detectado algún que non soportan, non o vou dicir que non quero facerlle mala prensa», indica. Y luego cuenta algo que suena a leyenda urbana pero que él asegura que es cierto: «Cando unha muller coa menstruación se acerca a elas non o soportan. Levo moitos anos facendo talleres e visitas ás colmeas e algunha na que había unha muller coa menstruación tiven que suspendela».

Las abejas le conocen

La cosa no queda ahí. Está convencido de que las abejas le conocen: «

Xa che digo que son seres moi intelixentes. Pola sangue ou o suor coñecen a un

», dice. ¿Nunca tuvo miedo de que le picasen, ni siquiera cuando trabajaba en las colmenas de niño?

«Medo non lles tiven nunca. Ademais, algún

picotazo

non é malo, fai ben para a reuma e os ósos. O veleno de abella é moi prezado, claro que algúns morreron tratando de collelo. Eu nunca o pensei sequera».

Ecologista convencido, lamenta que se echen pesticidas y herbicidas a destajo que mermen la población de abejas. Acaba la conversación con una frase muy suya, que termina con una sonrisa: «

As abellas son como o amor, pican pero gustan»

. Así es Ramiro, apicultor y retranqueiro.

¿cómo es su labor?

Ramiro, sin dejar su ironía, responde así al preguntarle cómo es la labor de un apicultor: «Hai meses que podes rascar a barriga». Explica que es en verano cuando se concentra el trabajo. Dice que lo habitual es que una colmena dé unos 25 kilos de miel por año. Pero recuerda un ejercicio, el de 1988, que sacó 111 kilos de una. También habla de años «nos que en vez de dar mel algunhas colmeas dan pena». La meteorología es la que marca la diferencia. En la foto, miel envasada por Ramiro y su familia.