A un año de unas elecciones cruciales, las gestiones sin concluir se acumulan en la mesa del bipartito conservador de Vilagarcía
22 jun 2014 . Actualizado a las 06:54 h.Aunque la fama, en lo que a aplicar sus contenidos fuera del ámbito para el que fueron alumbrados se refiere, cae del lado de tratados como El arte de la guerra, de Sun Tzu, o El Príncipe de Maquiavelo, existen en cualquier biblioteca libros en apariencia más sencillos que encierran iguales o más provechosas enseñanzas para el buen gobierno de la cosa pública. De La historia interminable, clásico de la literatura de entretenimiento trazado por la pluma del alemán Michael Ende, pueden hacerse, sin ir más lejos, diferentes lecturas. Una de ellas interesa sobremanera a nuestro propósito. No son pocos los capítulos que llegan a su término con el protagonista, Bastian Baltasar Bux, comprobando cómo las decisiones que toma se tornan realidades cuyo desarrollo y conclusión se le van de las manos. Indefectiblemente, el autor cierra el asunto con la misma sentencia: «Sin embargo, esa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión». Nada demasiado grave si no fuese porque, enfrentándose al final de sus aventuras, al voluble Bastian se le exige una condición para poder volver a casa: haber rematado todas las historias que comenzó en el mundo de Fantasía. «Pero si las historias son innumerables y en cada una aparece siempre otra», se lamenta el mancebo, desesperado, hasta que el fantástico Atreyu, al que había despreciado e incluso agredido, se compromete a realizar la descomunal tarea en lugar de su, pese a todo, amigo.
Son múltiples, en efecto, las historias que, a falta de un año para su conclusión, ha emprendido el bipartito conservador a lo largo del presente mandato municipal en Vilagarcía. El hilo de muchas de ellas se ha extraviado sin alcanzar una solución conocida. Nada se sabe, por ejemplo, de aquella controvertida ordenanza de circulación, la de las reuniones proscritas sobre las aceras, que iba a ser retomada, pulida y consensuada tras la fenomenal polémica que situó a la capital arousana en todos los noticiarios. Lo último que conocemos sobre el patronato de Fexdega es su decisión de congelar aquella intención suya de privatizar la cuarta parte del pabellón ferial para la explotación de unas pistas de pádel. Naufragado el proyecto de implantar una zona azul de pago, se apostó entonces por explotar el potencial de la ciudad para las comunicaciones peatonales. Pero el Metrominuto, cuya elaboración se anunciaba a imagen y semejanza del de Pontevedra, parece haberse desvanecido. La regulación de las terrazas, que se antojaba cosa sencilla, se ha desvelado extraordinariamente compleja y ahí sigue, sin resolver, navidad tras navidad, verano tras verano. La gestión de nuevos espacios para el aparcamiento disuasorio, negociando con los propietarios de fincas baldías, se vislumbraba fluida sobre el papel cuando es, en realidad, cuestión harto fatigosa, como está demostrando el pantanoso conflicto de la plaza de abastos. La proyección de la playa de A Concha-Compostela como motor del turismo se diría abandonada en algún rincón. E ideas como aquella zona para el recreo náutico en Castroagudín se han desvelado ensoñaciones de una feliz primavera electoral. La propia reintegración de Ivil a la nave nodriza del PP es materia aún no del todo clara.
Fortuna y fuerzas ajenas
Y aunque las economías del Concello van bien, al decir del alcalde, Tomás Fole, y es este su principal y no menor logro, parece igualmente razonable pensar que para volver a casa, y repetir al frente de Ravella, el gobierno conservador necesite ir concluyendo alguna de tantas historias en el aire. La Diputación ha echado un cable en los parques infantiles, el aparcamiento de O Ramal, la escuela de música o el Salón García, y está a punto de hacer lo propio con el pabellón de la calle Castelao y la maltrecha Xunqueira. Pero depender de voluntades y fuerzas ajenas siempre es arriesgado, por tratarse de «dos cosas volubles e inestables». Mientras que, por otra parte, «el príncipe que confía únicamente en su fortuna se arruina tan pronto como esta cambia». Esta vez sí; es Maquiavelo.
la cosa política