Diez empresas más de O Salnés se ven abocadas a echar el cierre

La mayoría son víctimas directas o indirectas de la burbuja inmobiliaria


Vilagarcía / La Voz

Lejos de ese repentino optimismo que en los últimos días parece haber contagiado a la clase política, que ve ya el final del túnel de la crisis económica, los expedientes de regulación de empleo con los que trabajan los juzgados respecto a empresas de la comarca hacen pensar lo contrario; que al menos en O Salnés y en lo que respecta al sector industrial, la recuperación económica está todavía muy lejos. De hecho, lo que se prevé es que en los próximos días se sumen algunas empresas más a la sangría sufrida en los últimos meses. Una decena están en la cuerda floja. Algunas podrían salvarse, pero la mayoría están abocadas al cierre, lo que pone en peligro el futuro de un centenar de trabajadores. La mitad ya están en la calle y encaminándose a las oficinas de búsqueda de empleo.

Las tragedias de Alfageme, de Cuca o Megasa son de todos conocidas por su implantación en la comarca y el número de trabajadores afectados. Pero hay otras muchas empresas pequeñas que han sido también dinamizadoras de su entorno y que ya no pueden con la situación. Son firmas como Prefabricados Cela, una empresa de transformación de hormigón que ya no puede abonar los salarios y tiene su flota de vehículos embargada. Deja en la calle a ocho trabajadores a los que se les deben varias pagas extras y salarios.

En A Laxe ya dejó de operar Hierros Arosa, que deja en la calle a 18 personas. Trabajaba sobre todo en obra pública y los retrasos en los pagos de las administraciones, unido a la falta de crédito de los bancos la dejó sin liquidez y con deudas pendientes. En parecida situación está Marconsa, una empresa que ha realizado como subcontrata buena parte de la obra pública en Vilagarcía y que ahora se ve, por primera vez en su historia empresarial, sin carga de trabajo. La prueba está en que llegó a tener un centenar de trabajadores y ahora ya son solo catorce fijos más alguno eventual que se quedará en la calle. Y en Meis, Gralicia podría echar el cierre también si, o bien a través de sus socios o de los bancos, no consigue liquidez.

Hay media docena más, aunque alguna podría salvarse de la quema. Casi todas están relacionadas con la construcción y son víctimas de la burbuja inmobiliaria. Firmas que engordaron a la sombra del bum del ladrillo y que ahora, o bien no tienen carga de trabajo, o no consiguen equilibrar sus cuentas por su propia morosidad o la de sus clientes.

En concurso de acreedores; deja en la calle a ocho trabajadores a los que debe indemnizar con una cantidad en torno a los 125.000 euros, además de otros 40.000 que se adeudan en salarios. Ya no tiene actividad.

En concurso de acreedores, con 18 trabajadores que se quedarán en la calle. Trabajaba sobre todo en obra pública, y los retrasos en los pagos de la Administración, junto con la falta de liquidación, la abocaron al cierre. Facturaba 7 millones en el 2008 y el año pasado no llegó al millón de euros.

En concurso de acreedores. Tiene ahora una plantilla de 14 fijos más algunos eventuales, pero llegó a tener en el pasado un centenar de trabajadores. Ha solicitado la extinción de contratos y la liquidación de la empresa. Desde la semana pasada, no tiene actividad.

En concurso de acreedores. Tiene en plantilla 20 trabajadores, y ya sufrió el año pasado un ERE suspensivo. El cierre definitivo está pendiente de liquidez y financiación; difícilmente podría salir adelante si los socios no inyectan capital.

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