TRIBUNA PÚBLICA | O |
02 ago 2005 . Actualizado a las 07:00 h.LA BELLEZA natural y paisajística de Cambados, su situación geográfica, bañado por las tranquilas aguas de la ría de Arousa, así como la inexistencia de playas en su centro urbano, probablemente, hayan sido las causas determinantes para ser el lugar ideal de residencia y para estar declarado conjunto histórico-artístico, a diferencia de otros pueblos en los que existen pantallas arquitectónicas en el borde marítimo, sin apenas parques, avenidas o zonas verdes. Estas circunstancias y la realización por la Dirección General de Costas del Ministerio de Medio Ambiente, de la senda peatonal del entorno del Muíño de A Seca, los paseos marítimos de la Ribeira de San Tomé y el recién terminado de O Saco de Fefiñáns, junto al paseo de la Alameda, han conseguido un borde marítimo peatonal desde la Ribera de Mouta hasta dicho molino. Este frente marítimo se embellecería de forma notable si se acordase la caducidad de algunas concesiones transferidas. En un futuro no muy lejano habría que pensar en posteriores actuaciones en el frente marítimo, como por ejemplo, la prolongación de los citados paseos, hasta la desembocadura del río Umia y hasta Tragove, si bien en estos casos, por razones medioambientales y siguiendo los actuales criterios de Costas en lo que se refiere a la protección y conservación del dominio público marítimo terrestre, con el fin de lograr un desarrollo sostenible, deberían ser senderos o actuaciones blandas. Así, se cumpliría el proyecto de la UE de realizar una senda verde atlántica desde el norte de Europa hasta Cádiz. De llevarse a cabo estos proyectos, junto con la creación de un parque escultórico al aire libre en el islote de San Saturnino y la mejora del mismo, se conseguiría una fachada marítima de más de cuatro kilómetros, por lo que la villa reuniría extraordinarias condiciones para el turismo de calidad. Para ello es imprescindible adoptar instrumentos urbanísticos para que las futuras actuaciones costeras no queden desvirtuadas por los hechos consumados, como consecuencia de la especulación incontrolada del suelo.