Marcha equina en Bandaorrío

Ana Gerpe Varela
Ana Gerpe RIBEIRA

AROUSA

Crónica | Un caballo noctámbulo Agentes de la Policía Local de Ribeira tuvieron que poner freno a los deseos de un cuadrúpedo que, atraído por la movida del fin de semana, quería irse de juerga

13 abr 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

Habían sonado ya las campanadas de media noche y un caballo, cuya identidad se mantiene en el más absoluto anonimato, decidió que era un buen momento para galopar a sus anchas por la, a esas horas, concurridísima zona ribeirense de Bandaorrío. Guiado por un hasta ahora desconocido instinto animal para la farra, el equino, ensillado y sin jinete, se introdujo en plena calle de la movida la madrugada del pasado domingo. Si llega a traerse a un par de amigos más de la fauna animal se formaba la granja de Pin y Pon en pleno casco urbano de la capital barbanzana. Como emprendió en solitario la aventura, quizás esperando que algún nativo bondadoso estuviese dispuesto a dirigir sus cascos por los lugares de mayor ambiente, el caballo decidió aguardar al yóquey de sus sueños en un punto estratégico de la ciudad, nada menos que la plaza de Teruel. Algunos vecinos afirman que vieron al noctámbulo cuadrúpedo pacer en el todavía privado lugar. No debió saciar mucho su apetito el animal, porque en el susodicho espacio abundan más el cemento, las colillas y los restos de cristales que la hierba. Si el pasto fue insuficiente para llenar su estómago, la sed tampoco pudo calmarla con algunas de las delicias que se sirven en los bares de Bandaorrío. Vuelta a casa Al final, la correría del simpático caballo no tuvo un final feliz y concluyó con una llamada a su dueño, que llegó en automóvil presuroso para devolver al díscolo mamífero a su redil. Fue una patrulla de la Policía Local de Ribeira, avisada telefónicamente por algún vecino poco comprensivo con el deseo de aventuras nocturnas del equino, la que se encargó de buscar al propietario del bicho para que no acabasen los marchosos ribeirenses caminando a cuatro patas, para que el ejemplar se sintiese cómodo, o el mamífero andando a dos, para contentar a sus nuevos compañeros de correrías. Tendrá que esperar otra oportunidad este cuadrúpedo amante de la noche para irse de juerga.