Crónica | Amenábar y su equipo hacen las maletas El director de «Mar adentro» escudriña en los valores humanos y en la riqueza de pensamiento del tetrapléjico sonense que luchó durante años por conseguir la legalización de la eutanasia
09 jul 2003 . Actualizado a las 07:00 h.Alejandro Amenábar y todo su equipo levantaron ayer campamento, después de dos días de rodaje de la película sobre Ramón Sampedro Mar adentro . El cineasta y sus colaboradores abandonan Barbanza sin soltar prenda de por dónde van los tiros del guión, que es como un secreto guardado bajo siete llaves. Aunque se desconoce el argumento, todo apunta a que el enfoque que se quiere dar al largometraje es el de una introspección en el pensamiento de Sampedro para extraer y mostrar al público la coherencia y libertad que guiaron sus actos en vida. Cuando las cámaras captaban planos el martes sobre la caverna de As Furnas, uno de los mejores amigos que dejó en Xuño el protagonista de esta historia se acercó hasta el lugar, pero guardando las distancias y con un gesto de escepticismo en su rostro. Desconocedor de la óptica elegida por Amenábar, no pudo ocultar su temor ante la idea de que pueda ofrecerse una versión distorsionada de la biografía de su amigo. Y es que pesan los antecedentes, pues asegura que tanto él como otros allegados no fueron capaces de acabar de ver una producción que se hizo para los canales autonómicos. Todos pueden respirar tranquilos, según piensa Gené Gordó, de la asociación barcelonesa de Derecho a Morir Dignamente. Ella trató personalmente a Sampedro e intercambió impresiones con Amenábar. Lo que ha podido deducir es que Mar adentro no será una biografía al uso ni un alegato pro eutanasia, sino un homenaje al sonense y a las personas que comparten su manera de pensar. En su opinión, el cineasta profundizará en la libertad de pensamiento de Sampedro, cosiendo retazos de sus experiencias vitales, pero sin perder de vista el norte, la clarividencia y la coherencia que enarboló el tetrapléjico a lo largo de su paso por el infierno. Y siempre con una idea diáfana en su mente, la de que la vida es un derecho, pero no un deber ni una obligación.