Sara Del Arenal Sampedro es nieta del viveirense Francisco Sampedro, que emigró a México, y ahora vive en la ciudad del Landro junto a su marido Rafael Lara Hermida
15 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Hay detalles para creer que la vida es cíclica. Un día, el viveirense Francisco Sampedro emigró a Estados Unidos y después a México y Cuba. En el país mexicano tuvo cinco hijas y se dedicó a varios negocios de ferretería, gasolinera y agrícola. Su nieta Rosa Del Arenal Sampedro lleva más de un año viviendo en la ciudad natal de su abuelo y desde hace medio año también su esposo, Rafael Lara Hermida. Hace tres años, ella hizo con su prima una visita a la ciudad del Landro que le dejó marcada: «Desde que llegué me quedé impresionada. Fue algo hermoso. Es una belleza». «Yo tuve la oportunidad de ‘platicar’ mucho con el abuelo de Rosita, pero jamás pensé que íbamos a vivir en Viveiro», señala su marido. «Mi abuelo sí venía regularmente a Viveiro. Me acuerdo que nos llevaba las gaitas, las castañuelas, la mantilla. Cuando se presentó la oportunidad, no lo pensé», señala ella.
Están encantados con el clima _Rafael ya aprendió que «aquí hay que salir a la calle con paraguas»_, la vida social y la amabilidad de la gente, pero sobre todo con la tranquilidad que respiran y que en otros lugares, como por ejemplo, en Ciudad de México, era difícil de alcanzar por la alta inseguridad. Antes de llegar a A Mariña, su vida les llevó a pisar Texas, Houston y Pensilvania, en Estados Unidos. «He vivido más tiempo fuera que dentro de Ciudad de México pero indudablemente me gusta mucho Viveiro y España. No podré encontrar una cosa tan bonita como esto, las iglesias, los paisajes... Todo», enfatiza Rafael, de 82 años. Fue arquitecto y diácono, por lo que podía casar y bautizar. El matrimonio formó un tándem profesional: de las casas que él hacía como arquitecto la llamaban a ella para decorarlas, e incluso las redecoró años después. Él destaca varias veces en la amena conversación que ella pintó una vajilla que está en Houston con paisaje mexicano. A raíz de ganar en un concurso estadounidense, participaron en el evento anual Parade of Homes: «Él hizo la casa, yo la decoré y sacamos cinco premios. La gente que entra a ver las casas, durante 10 días, puede votar. ¡Y también ganamos ese voto, el People’s Choice!».
Los recuerdos de México afloran en él: «Pasé una niñez muy feliz, en la que jugábamos, veíamos el volcán Popocatépel. El Popo es el más importante allá». La gastronomía mexicana ya está expandida por todo el mundo pero en su caso forma parte de su ADN geográfico: «Rosita hizo ayer unas piernas con mole que es muy típico de México, pero en general me gusta mucho la comida de Viveiro como los mariscos, que Rosita también cocina, al igual que camarones».
«Rosita hizo ayer unas piernas con mole que es muy típico de México, pero en general me gusta mucho la comida de Viveiro como los mariscos»
La memoria mexicana de Rosa la lleva a la finca de campo de su abuelo y al río que la cruzaba, el jardín con fuente y «la pianola», incluso unas «rocas que tenían forma de elefantes», a la que iban en bicicleta «llevando los tamales». «Íbamos los primos y nos la pasábamos súperbien», dice. «Luego nos fuimos a vivir a Ciudad de México y fue un poco diferente, pero también fue bonito cuando aún se podía andar por las calles, el castillo de Chapultepec, los conciertos de los domingos a los que llevábamos a nuestros hijos», rememora. O celebraciones como el Día de los Muertos y las fiestas llamadas «posadas» con sus piñatas. «Todas esas tradiciones son hermosas», subraya Rosa desde Espazo+60 Afundación en Viveiro, donde en la sala de al lado los mayores hacen gimnasia. Rosa le habla a Rafael: «¿Ves lo que están haciendo? Deberíamos de venir a hacer ejercicio todos los días».
Se marcharon de México a Texas por los problemas de inseguridad que crecían en su país
«Nos hemos preocupado por enseñar cultura general y dar carrera a nuestros dos hijos», enfatiza Rafael, señalando que ambos estudiaron Relaciones Internacionales aunque sus destinos difirieron: Rafael es hombre de negocios en Houston y Paul (nombre por Paul Cézanne, ya que Rosa estudió Historia del Arte), sacerdote en Roma. Ambos visitaron Viveiro, el primero con sus seis hijos y el segundo en Semana Santa, «que le encantó», y Compostela. El nieto mayor también hizo el Camino y decidió pasar aquí la pandemia, estudiando online. Dos nietos gemelos vinieron solos de vacaciones el año pasado. «Toda la familia está fascinada con Viveiro», remarca Rosa. «A mí me gusta lo multicultural y siento que soy ‘hijo adoptivo’ de Viveiro», incide Rafael.
Inseguridad en México
Su mujer concluye: «Me pongo en el lugar de la gente que por necesidad tuvo que dejar todo. Cuando nos fuimos de México a Estados Unidos fue porque la inseguridad era terrible y ya habían secuestrado a varios amigos. Era el principio. Veíamos cómo estaba cambiando México y lo dejamos por los hijos, aunque nunca nos pasó nada, pero a otras gentes sí. Un día fui al supermercado y se me había olvidado algo. Le dije a mi hijo: ‘por favor, ¿puedes traerme azúcar?’ Tardaba y tardaba y tardaba... Yo empezaba a estar muy inquieta, hasta que apareció. En Texas vivíamos bien y nunca sentimos discriminación. Tampoco nuestros hijos. Nos aceptaron perfectamente».