La empresa prevé recibir 90 millones del CO2 con las 512 cubas de San Cibrao operativas
04 nov 2025 . Actualizado a las 05:00 h.«Se preguntarán cómo gestionamos el uso de efectivo en España y cómo vamos a abordar nuestra situación, en cuanto a la energía, en un país donde la política energética es ineficaz». Así se dirigió la directora financiera de Alcoa, Molly Beerman, a los participantes en las conferencias que ofreció la multinacional en el marco del Día del Inversor. Y es que el complejo industrial de San Cibrao sigue teniendo protagonismo en las intervenciones de los mandatarios de la compañía, que avanzó posibles escenarios tanto para la planta de aluminio como para la factoría de alúmina a partir del 2028, cuando «la mayoría de nuestras obligaciones» del acuerdo de viabilidad firmado con la plantilla «habrán sido completadas» y la empresa tendrá «flexibilidad» para decidir: «seguir con la fundición o venderla» y «continuar con la refinería o, si no es rentable, valorar el cierre».
El tiempo reservado a hablar de España durante las conferencias ante los potenciales inversores da una idea de lo importante que es, sea cual sea el escenario elegido —venta y cierre o continuidad, incluso con la posibilidad de que las plantas tengan distintos caminos, algo que la compañía no ha descartado en otras conversaciones—, el complejo industrial de San Cibrao visto no solo como un activo, sino sobre todo como una palanca para, incluso con un hipotético cese definitivo de la actividad, mejorar los resultados globales de la compañía.
De hecho, «neutralizar el impacto de las operaciones en San Cibrao» fue uno de los catalizadores de creación de valor citados por Beerman, que habló de las asignaciones de capital, el proceso en el que una compañía estudia la calidad de las inversiones para decidir cómo y donde acometerlas, y dedicó buena parte de su exposición a hablar de las únicas plantas que posee ya la compañía en España.
«Nuestros principios de asignación de capital siguen casi inalterables: mantener un balance sólido, proporcionar el dinero necesario para mantener y mejorar nuestras operaciones y maximizar la creación de valor», expuso. En este sentido, indicó que «hemos logrado avances significativos en la transformación de nuestra cartera de proyectos. Aunque seguimos buscando optimizarla aún más, como en España, nuestro trabajo en este ámbito está prácticamente terminado», afirmó. «Es cierto que disponemos de una cantidad considerable de efectivo que invertir en las decisiones que ya se han tomado, pero contamos con un gran historial de monetización de nuestros emplazamientos cerrados para proporcionar fondos que cubran la remediación. Actualmente buscamos de forma activa nuevas oportunidades», apuntó.
Beerman expuso que Alcoa prevé costear en los próximos cinco años traslados de su actividad minera en cuanto a la extracción de bauxita, la ampliación de varias áreas de almacenamientos de residuos —las obras para el recrecido a cota 104 (104 metros) de la balsa de lodos rojos cervense están en marcha— y «la reconstrucción de varios hornos de cocción de ánodos en plantas de aluminio de Norteamérica». No menciona así la inversión comprometida ante su plantilla en San Cibrao, proyecto sin el que el comité no ve futuro al complejo industrial y que unilateralmente la compañía ha congelado hasta, como mínimo, ese 2028 en el que se ve con manos libres para decidir sobre el futuro de sus plantas.
La directora financiera cifró el gasto de capital previsto a nivel global en «entre 700 y 750 millones de dólares por año» y enfatizó que «es una cuantía flexible. (...) Si no tenemos un conjunto de proyectos que cumplan los umbrales de rentabilidad, no gastaremos el dinero allí», remarcó.
«Nuestro objetivo en España es que el efectivo generado por la fundición cubra las pérdidas de efectivo de la refinería, monetizando el capital de (la venta de las participaciones en) Ma’aden (Arabia Saudí). A medida que expiren esos períodos de bloqueo, podremos destinar ese dinero a nuestro programa de asignación de capital. Avanzar en la transformación de los activos, con la venta o el desarrollo de los mismos, o cerrar primero las instalaciones y, a continuación, ejecutar oportunidades de crecimiento de alto retorno», manifestó.
Beerman repasó los últimos cinco años de crisis en San Cibrao, desde el ERE extintivo presentado por Alcoa en la planta de aluminio, lo que la empresa liga «a los cambios en el mercado de la energía». Así, la directora financiera desveló que en el 2021 «el consumo de efectivo de España estaba desafiando la liquidez global de Alcoa» y que en el 2024 la compañía sopesó a través de un informe el cierre tras «no encontrar ofertas viables, pero el análisis multifuncional indicó que operar la planta de aluminio bajo el acuerdo de viabilidad hasta el 2027 era la opción de menor riesgo».
También admitió que «el retraso en el arranque —actualmente están operativas el 34 % de las 512 cubas, después de que la empresa modificase los plazos amparándose en el apagón ibérico— compromete las finanzas», puesto que Alcoa prevé recibir, con la electrolisis a pleno rendimiento, «90 millones de euros» del Estado «con la duplicación del presupuesto para las compensaciones por dióxido de carbono indirecto (CO2)», y después de la compañía hiciese «recapitalizaciones para poder optar» a esas ayudas.
Consultada sobre las pérdidas previstas en su Ebitda en relación con San Cibrao, Beerman reiteró que «serán entre 90 y 110 millones de dólares a través del 2025. No habrá mejoras financieras en el 2026. Sobre la refinería de alúmina, no tenemos una previsión que ofrecer dado que estamos todavía inmersos en los gastos de capital» asociados a ampliar la balsa de lodos, concretó.