La cuenta atrás de Alcoa, paso a paso

La única fábrica de aluminio primario de España se sigue desangrando

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Los trabajadores de Alcoa San Cibrao cortan el tráfico en O Castelo

viveiro / la voz

Desde Alcoa decían entonces -hace de esto siete meses- que era una medida temporal, pero hubo quienes lo veían como una silenciosa cuenta atrás. Un modo de activar un cronómetro. La multinacional norteamericana sigue parando seis o siete cubas cada mes desde principio de marzo en el departamento de electrolisis, en la planta de Aluminio en A Mariña lucense. A estas alturas de septiembre habrán quedado inactivas entre 42 y 49 cubas. En términos técnicos -tal como hemos relatado en su momento- se llama rebrascaje a la renovación de las cubas cuando éstas acaban su período de vida útil. Alcoa las está dejando «morir».

Los representantes sindicales veían entonces en esto una manera de desmantelar la fábrica; lo siguen manteniendo a día de hoy. No andaban equivocados a tenor de cómo ha ido evolucionando la situación. Tal vez en la elección del verbo, nada más.

En su día esta medida de Alcoa ya tuvo consecuencias directas en las empresas auxiliares de Alcoa que se encargan precisamente de las tareas de rebrascaje, como Reymogasa y Cyrgasa: 43 trabajadores se vieron abocados a un ERTE. Pero se temía que las consecuencias podrían ser mucho más duras tanto para la fábrica matriz como para las empresas auxiliares.

Alcoa, a través de su presidente en España, Álvaro Dorado, advertía: «No es viable producir aluminio primario en España». Se demandaba un precio de la energía competitivo, que a día de hoy aún no tienen las empresas electrointensivas en España. El precio del megavatio/hora ronda los 49 euros. Y con la pandemia se llegó al límite.

La desactivación paulatina de las cubas fue una señal, importante, pero no la única. A primeros de año Alcoa anunció pérdidas en ambas plantas -Alúmina y Aluminio- de unos 50 millones en cada una de ellas este ejercicio y no era normal que la empresa revelase cifras. No lo había hecho hasta entonces.

Y llegó la «tormenta perfecta»: precio bajo del aluminio, sobreproducción (y la culpa, como casi siempre, de los chinos) y un mercado europeo parado por la pandemia del coronavirus, que aún perdura.

El presidente de Alcoa en España, Álvaro Dorado, citaba al comité de empresa de la fábrica de A Mariña a una reunión urgente -en mayo- en un restaurante de Lugo, al pie del Miño, Los Robles, un establecimiento con jardín para eventos y celebraciones. Curioso y así de contradictorio para negociar un ERE que afectaría o afectará a unos 500 trabajadores de la planta de Aluminio de llegar a tramitarse. Habrá que ver.

En Alcoa entendían que se había llegado a una situación «crítica e insostenible».

Alcoa tiene más de mil trabajadores en el complejo industrial de San Cibrao. Las empresas auxiliares más de 700. Desde la multinacional lamentaban que desde el Gobierno no hubiesen dado aún ninguna señal «de que algo iba a cambiar». Ni Estatuto, del que aún se carece, ni un marco estable para fijar el precio de la energía, ni subastas con algo de valor, que ya no habrá.

«Las pérdidas de una empresa marcan el límite y Alcoa está perdiendo más de un millón de euros a la semana en la planta de Aluminio», sentenciaba Álvaro Dorado.

La fábrica se estaba desangrando y sigue igual, pero ya en su última fase, agonizante. En agosto comité y empresa llegaban a un acuerdo al existir compradores interesados en la fábrica. Intentar vender. Antes de aplicar un ERE o un ERTE, se intentaría una operación de compra-venta.

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Lucía Rey

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Trabajadores de Alcoa cortaron este viernes a mediodía la carretera N-642 en el alto do Castelo, en Cervo, para exigir la venta de la fábrica. Algunos de los participantes en la acción organizada por el comité de empresa se encadenaron en señal de la intensa lucha que desarrollan desde hace meses en defensa de los alrededor de mil puestos de trabajo que están en juego (534 pendientes del ERE o ERTE anunciado por Alcoa para la planta de aluminio y unos 400 de la industria auxiliar), así como del futuro de la comarca. Recalcan que la factoría de San Cibrao es el motor económico de A Mariña y de la provincia, al suponer en torno al 30% de su PIB. 

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Apareció el grupo británico Liberty House, interesado en comprar la planta de aluminio e incluso la refinería, y volvió la ilusión. Su proyecto industrial convece al Gobierno y a la Xunta de Galicia, pero la negociación entre Alcoa y Liberty -a falta de dos días para que concluya- no avanza. Nunca estuvieron cercanas las posturas.

Ese tiempo de negociación se acaba este domingo sin que hasta este momento haya acuerdo; al contrario, según Alcoa las posturas «están muy alejadas y no es realista pensar que se pueda firmar la venta antes del domingo, día 27». Desde Liberty House han declinado realizar declaraciones. Desde La Voz les volvimos a llamar ayer y prefieren no pronunciarse de momento.

Alcoa citó ya a los sindicatos en Madrid este lunes, 28, para iniciar los trámites del ERE o de un ERTE, como estaba recogido en el acuerdo de agosto. UGT avanzaba ayer que no reconoce la operación de compra-venta de la fábrica «porque Alcoa, ahora se demuestra, nunca tuvo intención de vender». Es más, lo probable es que los representantes sindicales no acudan este lunes a esta cita en Madrid (en plena pandemia además la capital). El proceso de tramitación del cierre de la fábrica por parte de Alcoa, de intentar llevarlo a cabo, se dilatará todo lo que sea posible; esa será la estrategia. Impedirlo. Impedir que se apaguen las cubas.

Mientras 1.000 familias en A Mariña temen lo peor, viendo como se prolonga esta agonía, siempre con incertidumbre, con miedo y nervios viendo como los trabajadores pelean hasta el final por la fábrica y el empleo. Es, ciertamente, el pan de mil familias, trabajadores de Alcoa y de las empresas auxiliares, no nos olvidemos de ellos. Y más puestos indirectos que se perderían.

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