Primeira vaga de mar (temporal como los de antes)


Parece un invierno de los de antes. Bajas temperaturas. Fuerte temporal coincidente con marea viva. La mar se cruza entre Isla de La Atalaya y As Figueiras. Salta el Cabo Morás, O Pe dos Farillóns, el muro de La Anxuela. La pleamar es blanca entre tonos verde turquesa. Mientras, los de aquí, al norte, disfrutamos del mayor espectáculo, los que han ido a Madrid, inauguran FITUR. Puede que sin saber lo que cuento. Las razones poderosas y verdaderas del slogan. La Mariña, mágica por naturaleza...

Esta Galicia hermosamente salvaje saluda abriendo informativos. Temporal con alerta roja para los mareantes. La flota amarrada en Celeiro y Burela. Los buques para la carga, de arribada protectora frente a San Román. Mientras aquella cruz recuerda la tragedia del balandro «Drákula».

El mar, entonces y hoy

Los faros, hoy más que nunca, atalayas para contemplar el poder de ese azul marino que nos rodea, salpica, asusta, hipnotiza desde aquella lejana infancia cuando las cantinas portuarias contaban las mismas historias que relata el poeta Paco Rivas en su libro Mar...usía.

Sito Otero Regal se lo pierde. Está mostrando su obra por las capitales europeas. La Cerámica Regal es tierra, fuego y manos de Galicia, la que escucha rezos -tras la tempestad se hizo la calma- en Valdeflores. David Catá sigue a flor de piel (en proceso) escribiendo la historia de su vida. Él es música para tocar en una tarde como esta, en San Martiño, con Lino Rico y Juan Cabalar, mientras los frescos de la basílica nos recuerdan la historia fundacional de Britonia y Maeloc.

Xoán Guerreiro sabe explicar lo que somos. Mar, arenas de mica y caolín, tras el golpe de los salseiros contra el granito. Su paisaje urbano, el que registra silencios, queda interrumpido por la pleamar de este primer temporal del noroeste. Me imagino a Pepa y Javier, fotógrafos que dan fe, buscando la ola perfecta, la de los nueve metros, la que el Capitán Pino me avisó iba a tener que navegar, el pasado domingo, cuando esperaba la llegada de mar gruesa, el que ha visto tantas y tantas, pues necesita contemplarlas desde el puente de su barco, año tras año, hoja tras hoja del calendario.

Somos de aquí

Días como hoy, en que la mar se hace dueña y señora de todos sus espacios, los que el hombre con su vanidad le fue arrebatando, me lleva a comprenderme a mí mismo. Aquel tiempo lejano. Cuando compartía espíritu de 1968 en la Universidad Complutense de Madrid. Cuando me sentía un paria lejos de la costa más al norte.

Lejos de la inmensidad de los golpes embravecidos dados por la madre, mientras los duendes del fondo, elaboran ese perfume a base de yodo. A fin de cuentas, somos de aquí.

Un pueblo al que por mucho que pongan cadenas, siempre tendrá la escapatoria por mar. Forma parte de nuestra historia.

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