Cinco carreteras para mirar por la ventanilla

AL SOL

Alba F. FuertesSenén Rouco

Vistas espectaculares sin moverse del coche: recorremos las vías del norte de Galicia que te harán disfrutar

07 ago 2018 . Actualizado a las 18:01 h.

Con cuidado si toca ir al volante o, casi mejor, ir de acompañante. Son carreteras en las que prácticamente es imposible no desviar la mirada hacia la ventanilla. La Voz recorre cinco de estas vías en la provincia de A Coruña. Aquí el único peaje es la corta distancia, porque dan ganas de que se conviertan en infinitas.

La andanza da inicio en la Costa da Morte, donde los recovecos de la costa son interminables. En Camariñas, evitando el asfalto, una pista de tierra y piedras une Santa Mariña y el Cabo Vilán. Antes de llegar al puerto del primer lugar, hay que tomar un desvío a la izquierda e ir en busca de la playa de O Trece. Una vez se acaba la arboleda, aparece el azul. Vale la pena ir con cuidado, además de por los baches, para saborear cada metro al borde del Atlántico. El arenal, con su duna rampante, va quedando atrás. «Es una carretera que hay que visitar: Mejor dejémosla sin asfaltar, sino esto se masifica pronto», decía Miguel desde el coche, con su pareja, Marta, que cree que «la gente se va lejos a buscar paraísos cuando los tenemos aquí». Las curvas van llevando hacia el Cementerio dos Ingleses y después por varias playas, hasta que el faro de Cabo Vilán se va haciendo más grande. El último tramo, con sensación de desfiladero, enlaza con el asfalto hasta llegar al edificio.

De camino al norte, conviene acercarse a otra vía de ensueño: la que lleva al cabo y la ermita de Santo Hadrián, en Malpica. Una vez se pasa la última zona de casas, por delante queda naturaleza virgen para disfrutar. No es extensa, pero es intensa. A la derecha, en dirección al santuario, sobran kilómetros de mar. Una vez se alcanza el punto final, un mirador ofrece una gran vista de las Illas Sisargas, que casi se alcanzan con la mano. No obstante, merece la pena ir un poco más arriba, para atisbar la mejor panorámica de las islas. «Por la carretera éramos nosotras solas, no había coches, y las vistas son increíbles. Lo mejor de todo es que puedes aparcar y comer en cualquier sitio. Es una maravilla, merece la pena», contaban Ana y Guadalupe, ambas madrileñas.