Dos meses de angustia de una familia de Orizón

Xosé María Palacios Muruais
xosé maría palacios VILALBA / LA VOZ

LUGO

José Torres falta de su casa desde enero, y su hija se desespera por no haber hallado ningún rastro

10 mar 2011 . Actualizado a las 10:54 h.

El 8 de enero es una fecha que parece difícil de olvidar en Orizón. La parroquia -situada en el sudeste del municipio de Castro de Rei, cerca ya del límite con Castroverde- se despertó sobresaltada por la ausencia de uno de sus vecinos. José Torres, de 89 años de edad, no estaba en su casa, lo que motivó de inmediato un amplio dispositivo de búsqueda.

La parroquia y otras cercanas, situadas tanto en Castro de Rei como en concellos limítrofes, fueron escenario de una operación cuyo radio de acción se extendió en aquellos primeros días como una mancha de aceite. Sin embargo, 60 días después, lo que entonces se extendió parece reducido a un ámbito menor y a unos medios muy inferiores.

Ni las operaciones de rastreo de los primeros días ni las tareas que últimamente realizan Inés Torres, hija del anciano desaparecido, y su esposo han tenido otro resultado que una falta de pistas que genera desencanto y desesperanza. La hipótesis que maneja la hija -explicada «moitas veces» a la Guardia Civil, como ella misma manifestó ayer, y comentada ya a este periódico hace varias semanas- es que su padre pudo haber sido atropellado de noche por algún vehículo.

Lo que pudo venir después también parece claro pese a haber ocurrido por la noche. Inés Torres afirma que por la zona hay cazadores furtivos cuyos coches circulan con las luces apagadas para pasar así más inadvertidos. Admite que ese accidente pudo ocurrir «sen intención» por parte del conductor, aunque sí agrega que el autor pudo haberse esforzado por ocultar el cuerpo y evitar así cualquier pista.

De otro modo, afirma, resulta imposible que en dos meses no haya aparecido ningún rastro de su padre. «Non marchou», dice la hija, que además subraya que la amplitud del depliegue desarrollado en cuanto se notó su ausencia fue suficiente para poder localizarlo. Ella y su marido siguen recorriendo los alrededores a diario, sin abandonar. Ayer, por ejemplo, se desplazaron a la zona de Meda, cercana ya al límite con Castroverde.

La elección de ese lugar para búsquedas como la de ayer por la mañana no es casual sino fruto de una hipótesis. Esa es la dirección que, sostiene, debió de tomar su padre, que pudo haber salido de su casa para ir a la de una hermana. No llegó a esa vivienda; pero si continuó ese rumbo, pudo haber seguido hacia la zona a la que ayer, como en otros días anteriores, encaminaron sus pasos su hija y su yerno.

Pocas esperanzas

¿Quedan esperanzas de encontrar su cuerpo? «Non lle teño moitas esperanzas. Se lle digo a verdade, ningunha», declara la hija, que, sin embargo, no parece dispuesta por ahora a renunciar a esta búsqueda. Mientras tanto, la vida cotidiana puede esperar. Llevaba un año viviendo de nuevo en la parroquia para cuidar a su padre, y atrás quedaba una vida de varias décadas en A Coruña.

«Temos previsto volver, por suposto. A ver isto... qué fin ten», dice.