Alsa -la firma que realiza el trayecto helvético- no percibe cambios sustanciales en los últimos tiempos en la marcha del servicio. No cree que la crisis haya vuelto a poner de moda la emigración, ni detecta un aumento de clientes jóvenes. «Ha bajado la explotación -explican fuentes del área internacional-, y nuestros usuarios envejecen, por lo que viajan menos», quizá algún joven cubra la vacante que deja un emigrante veterano, pero son casos excepcionales. Y aunque sigue siendo rentable -«se mantienen los tres servicios semanales»-, la caída obligó a Alsa a asociarse con la empresa hispanosuiza Galisuis para garantizar la viabilidad de la línea. Solo se duplican servicios -y triplican- en temporada alta, es decir, las vacaciones: Navidad, agosto, etcétera.
Para paliar el descenso de demanda que provoca la edad del pasaje si acaso -argumentan- «aumentan otros clientes: los de países extranjeros y los que visitan a sus familiares en Suiza».
Aunque Alsa lo juzga irrelevante, la agencia Costa Azul, de Carballo, sí advierte un leve repunte en la demanda de billetes en la Costa da Morte que atribuye a la crisis: gente que va en busca de trabajo y emigrantes que cambiaron el avión por el bus porque es más económico.
El autobús -de 53 plazas- casi siempre completa su aforo, más del 50% del cual ya se cubre antes de abandonar Galicia. Tras dejar Vimianzo hace catorce paradas en la comunidad, y catorce más en las de Castilla y León, Asturias y País Vasco -estas tres suelen acaparar los cuatro destinos de Francia y las gallegas copan los tres suizos (Ginebra, Lausana y Berna).