El santiagués involucrado en un doble crimen fue investigado 4 años

J. S.

GALICIA

Isauro López declarará en Castellón por la muerte de su ex amante; su arresto se desencadenó tras el juicio del ejecutor y la detención del presunto intermediario

28 may 2009 . Actualizado a las 02:11 h.

A veces es mejor ponerse ante un juez de verdad -una jueza en este caso- que ser víctima de un runrún que estaba carcomiendo la vida personal y laboral de Isauro López Hidalgo desde hacía cuatro años. El constructor santiagués, tras pasar el día de ayer en las dependencias de la Guardia Civil de A Coruña, será trasladado para que preste declaración en Vinaroz (Castellón) como presunto inductor de un doble crimen cometido por un sicario que acabó con la vida de un joven, Juan Manuel Mata, y de su amiga Yalennis Valero, ex amante del empresario gallego.

La historia de Isauro, como es conocido en Santiago, es la viva imagen del sector del ladrillo en España. Creció de forma desbocada y ahora se encuentra asomado a un enorme precipicio, con grave riesgo de hacerse añicos. En el 2005, cuando las cosas empezaban a complicarse en el mundo de la construcción, la vida del empresario también se torció de manera letal. En junio de aquel año se conoció en Santiago el crimen en un pueblo de Castellón de Yalennis, una joven que entonces tenía 23 años y que era bien conocida en Milladoiro y Bertamiráns, localidades en las que, respectivamente, trabajó y vivió meses antes de su asesinato. En octubre, la Guardia Civil ya merodeaba por Ames haciendo preguntas.

En ese mismo entorno geográfico forjó Isauro su fortuna. Rondando ahora los 60 años, comenzó trabajando como aparejador con los constructores de referencia en Compostela. En la década de los ochenta se estableció en solitario con su empresa, Zielsa, que con los años se convirtió en la promotora residencial más poderosa del pujante municipio de Ames, tras superar la crisis del 93 regalando coches con cada piso. El entorno de crecimiento urbano era perfecto para un hombre que en el sector describen como «un zorro en los negocios, algo altivo, pero buena persona».

En Santiago y Ames se comentaba recurrentemente la delicada situación en la que había quedado el constructor tras la muerte de la chica cubana. En cualquier caso, nadie duda de su capacidad como empresario, y no en vano, en el momento del crimen, Isauro era el administrador de 19 sociedades, la mayoría de ellas con sede en Galicia y Levante.

Sus ligerezas sentimentales poco tenían que ver con la fortaleza de una empresa a la que se le agotaba el suelo en el entorno de Santiago y con la que no dudó en dar el salto hacia otros destinos. En solitario o de la mano de otros socios impulsó promociones en Ourense, compró terrenos por España adelante y probó suerte en la costa mediterránea, donde realizó numerosos contactos, algunos de ellos apuntando muy alto. Su presencia en la zona era habitual, y de hecho allí estaba atracada su llamativa motora.

Cuando la Guardia Civil registró la embarcación de Isauro en diciembre del 2005, en Marina Benicarló, medio año después del doble crimen, esta llevaba abandonada otros tantos meses. En la misma semana, agentes procedentes de Madrid registraban sus cuentas, su casa en Santiago y se llevaban los ordenadores de la sede central de la empresa en la capital.